sábado, 15 de octubre de 2011

MAESTROS (I)

3. Gil de Siloe. El antiguo retablo de la Capilla de los Condestables en la Catedral de Burgos.
(cont.)


3.2. LAS CLAVES DE LA BÓVEDA.

En 1994 cuando la restauración integral de la capilla de los Condestables de la Catedral de Burgos pudo observarse de cerca su bóveda calada. En el centro, en su clave, se situaba un magnífico relieve con el tema de la Presentación de Jesús en el Templo, que hace referencia directa a la advocación de la capilla.
Para Marta Negro Cobo, conservadora del Museo de Burgos, se puede sospechar que no fue éste el lugar original para el que se concibió el relieve, sino que podemos encontrarnos ante un resto del primitivo retablo gótico que presidía el altar mayor de la capilla atribuido a Gil de Siloe con policromía de Diego de la Cruz.
La capilla de los Condestables fue fundada bajo la fiesta de la Purificación, fiesta que festeja el pasaje del Evangelio de San Lucas en el que se narra la primera vez que Cristo es presentado en el Templo.
La composición se centra en la imagen del Niño, desnudo sobre el altar. En su entorno se sitúan distribuidos dos grupos de tres personajes, los hombres a la derecha y las mujeres a la izquierda vestidos todos a la moda de la época. María deposita dulcemente al recien nacido ayudada por José que tira suavemente del brazo del Niño acercándole al anciano sacerdote,Simeón, que revestido de los atributos obispales extiende un paño bajo su cuerpecillo.
La escena se desarrolla en un bloque de madera de nogal con las figuras, talladas en alto-relieve, recortadas configurando el perfil del relieve, sin tener como respaldo la estancia que situe la acción espacialmente dentro del templo.
Razones estilísticas del relieve de la Presentación y de los Apóstoles y Evangelistas que decoran las claves de la estrella abierta en la bóveda de la capilla llevan a atribuirlos a Gil de Siloe y su taller. Su estrecha relación con el retablo de Jesé, en la capilla de Santa Ana de la catedral, ayudan a su atribución.

Extraña en una pieza situada a tanta altura la calidad de la talla y de la policromía, por lo que se piensa se tratase de un relieve del antiguo retablo principal, recortado y vaciado para adaptarlo a la decoración de la clave central de la bóveda, y que se instalaría aquí cuando su desmontaje para la ubicación del nuevo retablo. No hay que olvidar, además, que uno de los dos responsables del nuevo retablo, Diego de Siloe, era el segundo hijo varón de maestre Gil.

Sin embargo, no todos los historiadores de arte piensan así. Felipe Pereda, -profesor de Historia de Arte en la Universidad de Madrid-, por ejemplo, dá una interpretación a la ubicación del relieve en la clave de la que arrancan ocho rayos dorados relacionándolo con el “sol bernardino” (emblema del reformador franciscano San Bernardino) y con la devoción que los Condestables le profesaban; y no creyendo que “el retablo previsto originariamente dispusiera esta iconografía” de la Presentación pensando (al haberse fijado en tan sólo seis de los pequeños relieves en piedra con motivos historiados, en lugar de observar que como mínimo son ocho e incluso diez) que debería “haber sido entonces la resurrección”.

Ante las graves patologías de xilófagos y del levantamiento de policromías se vió necesario su desmontaje para restauración y conservación, colocándose en su lugar copias facsímiles. Los originales, una vez tratados, pueden contemplarse en dos vitrinas mal iluminadas del claustro de la catedral.

Las imágenes de Apóstoles y Evangelistas han perdido parte de sus volúmenes y en varias de ellas faltan los símbolos que las identificaban. Por lo que se refiere a sus formas se advierten entre ellas bastantes diferencias como obra de taller, a excepción de los dos relieves que podrían haber salido de la mano de Gil de Siloe.
Los cuatro Evangelistas son fáciles de identificar por el atributo que acompaña a cada uno: el toro a San Lucas, el león a San Marcos y el ángel a San Mateo; San Juan Evangelista ha perdido el águila que habitualmente le identifica pero su rostro barbilampiño ayuda en su asignación.
La identificación de los Apóstoles se presenta más problemática; tan sólo Andrés (con la gran cruz en aspa), Bartolomé (con el demonio a sus pies sujeto por una cadena), Santiago el menor (con el palo de batanero), Juan (joven e imberbe) y quizás Pablo (el cabello escaso y lacio), conservan los símbolos con que se les identificaba habitualmente.
Dos de las esculturas de los Apóstoles, la de Andrés y la de Juan, conservan la peana que les soportaba cuando su probable ubicación en el retablo de la capilla.
Al frente de dichas peanas figuran dos borrosos escudos que parecen los de la familia de los Condestables. El de la derecha corresponde a los Mendoza, similar en sus cuarteles, al que se representa, bajo el basamento de las Santas Mártires sentadas, en el lateral del retablo de Santa Ana en la capilla; lleva en su primer y cuarto cuartel el correspondiente a la generación de los Marqueses de Santillana a la que pertenecía doña Mencía, y en el segundo y tercero, -cinco hojas de higuera-, el de los Figueroa, apellido del abuelo materno. El escudo de la izquierda, sin poderlo asegurar con certeza dado su mal estado, corresponde al de los Velasco tal y como figura en los retablos de San Pedro y de Santa Ana de la capilla: cuartelado de quince puntos de ajedrez de oro y veros con bordura de castillos y leones.
El conjunto formado por las dieciseis imágenes de Apóstoles y Evangelistas y el altorelieve de la Presentación de Jesús en el Templo se exibe en dos vitrinas ubicadas en el claustro de la catedral de Burgos. Les acompaña un hermoso altorelieve de la Circuncisión (según me indicó amablemente el canónigo fabriquero,estaba situado en una clave de la girola a la entrada de la Capilla de los Condestables) también imputable por razones estilísticas a Gil de Siloe o a su taller
Según el Antiguo Testamento, Abraham, y su familia fueron los primeros circuncidados desde el momentoen que Dios se le apareció y le indicó las condiciones de su alianza con el pueblo judío: "He aquí mi pacto contigo: serás padre de una muchedumbre de pueblos, ... y saldrán de tí reyes ... Tú, de tu parte, guarda mi pacto, tú y tu descendencia después de ti, ... circuncidad todo varón. Circuncidareis la carne de vuestro prepucio y ésa será la señal del pacto entre mí y vosotros. A los ocho días de nacido, todo varón será circuncidado en vuestras generaciones; los siervos, ya los nacidos en casa, ya los comprados, serán circuncidados" (Génesis, XVII). En el Nuevo Testamento sólo Lucas (2:21) nombra de forma clara la circuncisión de Cristo.

La mayoría de los judios, fieles a la tradición de los hebreos, continuaron practicando la circuncisión al octavo día después del nacimiento del niño; en hebreo la circuncisión se dice milah, aunque la expresión completa es brit milah, donde la palabra brit significa "alianza", pues esta circuncisión se practica para recordar el pacto establecido entre Yavé y Abraham. Al hombre que lleva a cabo el brit se le llama Mohel; un maestro cirujano con experiencia especial en el ritual judio de la circuncisión.
Los gentiles que habían culminado su preparación con vistas a su ingreso en la familia judía, y que habían sido aprobados por un tribunal competente compuesto por tres rabinos, bet-din, debían necesariamente realizar tres pasos ceremoniales (dictados por la halakha): Circuncisión, Baño ritual por inmersión y Ofrenda en el Templo. Este ritual nos hace sospechar la falta de un tercer relieve que sería el de la Inmersión en pileta ritual (Bautismo).
En la hipótesis anterior, el primitivo retablo mayor de la capilla de los Condestables habría estado constituido por los tres relieves en madera de la Circuncisión, el Baño ritual por Inmersión y la Presentación en el Templo, a los que acompañarían las imágenes de Evangelistas y Apóstoles; todo ello encuadrado por un marco exterior de piedra con al menos ocho o diez motivos historiados que presentarían la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. El retablo estaría coronado por un Crucifijo de madera a cuyos pies estarían dos esculturas en piedra con la Virgen y San Juan ubicados en una arcada del triforio con decoración de putti portadores de emblemas de la Pasión.
Y quizás el mismo contenido del retablo, en aquellos años de luchas religiosas tras la expulsión de los judíos y la guerra de las Comunidades, fue la causa de su temprana sustitución. De su sustitución se encargaría don Íñigo Fernández dde Mendoza, VIII Condestable de Castilla; pero esta es otra historia.

BIBLIOGRAFÍA.
-Luis Cristobal Antón, "Tratamiento de la imaginería de la capilla del Condestable  y de la figura del Santísimo Cristo de Burgos", en "Cursos sobre el Patrimonio Histórico 2", Reinosa 1998.
-Margarita Estella, “La imaginería de los retablos de la Capilla del Condestable”, Asociación Amigos de la Catedral, Burgos 1995.
-Eloino Nacar y Alberto Colunga, "Sagrada Biblia", Madrid 1968.
-Marta Negro Cobo, ficha nº 9 del Catálogo de la exposición “Isabel la Católica. La magnificencia de un reinado”, Quinto centenario de Isabel la Católica 1504-2004, Valladolid 2004.
-Marta Negro Cobo, ficha nº 52 del Catálogo de “Las Edades del hombre. Catedral de Ciudad Rodrigo. Kyrios”, 2006.
-Joseph Pérez, "La revolución de las Comunidades de Castilla (1520-1521)", Madrid 1977.
-Felipe Pereda y Alfonso Gutierrez de Ceballos: “Coeli enarrant gloriam Dei”, Arquitectura, iconografía y liturgia en la Capilla de los Condestables en la Catedral de Burgos”, en Annali di Architettura. Rivista del Centro Internazionale di studi di Architettura Andrea Palladio, nº9, Vicenza 1997.
_Fr Carlos Villacampa, "La Capilla del Condestable, de la Catedral de Burgos. Documentos para su historia", A.E.A.A. nº 10, 1928.
-Joaquin Yarza, “Gil de Siloe”, Madrid 1991.
-VV.AA., “Actas del Congreso Internacional sobre Gil de Siloe y la Escultura de su época”, Burgos 2001.






No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada