domingo, 3 de junio de 2012

SILLERÍAS DE CORO (IV)


Sillería de coro de la iglesia de Santa María, Dueñas (Palencia).


En la iglesia de Santa María de Dueñas existe la sillería de coro más extraña, quizás, que conozco. Imposible además de clasificar. He reseñado en la Bibliografía todos los textos que he encontrado hablan sobre ella; de esta forma el que esté interesado podrá disponer con su lectura de los mismos conocimientos que yo.
El segundo tablero comenzando por la silla más próxima al altar mayor, lado Evangelio, presenta a un guerrero con cuerpo inferior de león. Viste extraña camisa, realizada con hojas, y con su mano izquierda sujeta un alfanje. Se sitúa, no sobre fondo plano como suele ser habitual sino, sobre copiosa decoración vegetal
En el tercer tablero un hombre joven, delgado, se mueve entre abundante vegetación. Con su mano izquierda sujeta un estriado barrote. Viste chaqueta muy ceñida con solapa que alcanza hasta la mitad del muslo; va tocado por un bonete.
Un extraño centauro coronado -patas anteriores de caballo y posteriores de león-, figura en el cuarto tablero; por su boca sale hojarasca y su bigote también toma formas vegetales.
Un híbrido, mitad hombre mitad león, es la imagen representada en el quinto tablero. Lleva sendos collares de hojas en cuello y cintura a manera de los salvajes, y con su mano derecha sujeta una pequeña estaca; curiosamente gasta bonete con borla.
El sexto tablero presenta a un "salvaje" desnudo, con el collar de hojas en la cintura. Entre el follaje llaman la atención cuatro frutos con forma de piñas en la parte superior del tablero y un mascarón a los pies del hombre.
Otro extraño centauro  con garras de león se muestra en el séptimo tablero; esta vez el follaje se ha plagado de piñas.
La figura del octavo tablero sí parece un verdadero salvaje ; pequeño, rechoncho, alza con la mano derecha un garrote.
En el penúltimo tablero, hoy en día lado Evangelio, de nuevo aparece el híbrido mitad superior de hombre y patas traseras de león.
De los tableros 1 y 10 hablaremos luego, que ahora no toca.
El segundo tablero comenzando por la silla más próxima al altar mayor, lado Epístola, presenta a un personaje vestido con hojas; en la mano derecha lleva una especie de lanza.
El siguiente panel presenta un rostro que asoma entre el follaje que cubre por completo el tablero.
En el cuarto respaldo, lado Epístola, se nos presenta un híbrido cuerpo humano con alas y patas de león.
 El quinto tablero presenta un personaje, quizás un "salvaje", cubierto de hojas.
 
Un personaje que para J.J. Martín González parece un obispo franciscano y para Martí y Monsó "representa alguna Santa ó abadesa cubierta la cabeza sinó con una mitra con un tocado oriental" figura en el sexto tablero; a los lados de la cabeza figuran dos coronas. Para Martín González podría interpretarse como una representación simbólica del relajamiento de las órdenes religiosas, en este caso particular la franciscana.
El séptimo respaldo muestra un híbrido mitad hombre mitad león que se protege con un escudo.
No muy distinto es el siguiente tablero; esta vez la fracción humana va adornada con una barba de hojas y la mitad de león presenta un largo rabo.
Finalmente en el penúltimo tablero figura una sirena que, como en la iconografía clásica, lleva en una de sus manos el espejo y en la otra el peine.
Para Emilio Orduña "al contemplar los altos respaldares, acude a la mente el recuerdo de las figuras primitivas de carácter hierático tallado en las rocas, de incorrecto dibujo y planas a causa de tener todo sus relieves la misma altura desde el plano". Salvo un tablero, de dudoso significado, la sillería llama la atención por su carácter profano, quizás reflejo del clima mental y religioso que antecedió a la Reforma. Si bien el simbolismo, en la época de realización de los tableros, ya estaba en franca decadencia no parece probable la ausencia de un significado simbólico aunque no seamos capaces de descifrarlo; la reiteración de algunas de las creaciones nos hace sospechar que no obedecen a un fin tan sólo decorativo.
Los otros cuatro tableros, primero y último de cada una de las dos series de diez sitiales que constituyen hoy en día la sillería, son respaldos adornados con muy bella tracería gótica. Recuerdan a los de la sillería de padres de la Cartuja de Miraflores.
Parece claro que estos cuatro tableros no fueron realizados por los mismos artistas, o artesanos, que los mostrados antes. "Á dos épocas ó tal vez á dos manos bien distintas pertenece la sillería del coro colocado encima de la entrada sobre un arco rebajado; pues mientras en algunos respaldos asoman entre follajes grotescas y malísimas figuras, brilla en otros la mayor pureza y elegancia de góticos arabescos", escribía José Mª Quadrado en 1885.
¿Y de donde procedían estas dos sillerías ahora fusionadas en dos grupos de diez sitiales que  se han ubicado en el presbiterio?.
[Al no poder, por razones personales, rebuscar en el Archivo Diocesano de Palencia, expurgo de la documentación que publicó Amado Salas en el "Boletín de la Sociedad Castellana de Excursiones" en 1907]
Los papeles del archivo de la iglesia recogen de cuando la visita -el 12 de mayo de 1566- del licenciado Juan de Luna por mandado del obispo de Palencia: "y habiendo posibilidad de dineros se haga un coro alto sobre la puerta principal de la iglesia ... y se suban las sillas bajas que están en el coro a la dicha tribuna y se asienten en ella y el coro bajo se levante de tierra ...".
Y de cuando la visita de cuatro años después -29 de septiembre de 1570-, "... halló que en el coro junto al altar mayor había unas sillas de nogal muy buenas y se quitaron y por no se quitar por la orden que se requería y por quitarlas de noche y con violencia se deterioraron y perdieron en cantidad de doscientos ducados...". Y sigue más adelante "... mandó ...que acaben de remendar é aderezar las sillas del coro ... y lo remanente que quedare de las sillas de la ermita de San Pedro las vendan é hagan de ellas un asiento para el preste y diácono, en la capilla mayor ..."
Estaba pues situado el coro primitivo en una cripta bajo el presbiterio; en el año 1566 se ordenó hacer un coro alto trasladando a él las sillas bajas -es decir, uno de los órdenes de la sillería- que estaban en el anterior coro, más conservando en el presbiterio las sillas altas para uso de los legos y ornato de la capilla mayor, las cuales se quitaron y deterioraron antes del año 1570, año en que el visitador se dio cuenta del suceso.
Es indudable, por tanto, que se trasladó parte de la sillería del coro bajo al alto; que se hizo con poco orden y concierto produciéndose algún deterioro, también lo parece; y que para arreglar el desaguisado se trajeron las sillas de la ermita de San Pedro hoy en día inexistente.
¿Y aquí acabó todo?. Pues no. El 7 de diciembre de 1948 se produjo un incendio que devastó parte del mobiliario de la iglesia.
Las dos series de sillas de coro que ahora vemos en el presbiterio corresponden a la restauración realizada por los burgaleses Valeriano Martínez y su hijo Andrés cuando se reconstruyó la iglesia en 1951 bajo la dirección del arquitecto Antonio Font Bedoya.
En una fotografía de Agapito y Revilla publicada en el Boletín de la Sociedad Castellana de Excursiones de diciembre de 1903 puede verse un fragmento de la sillería que no difiere mucho, salvo en el orden de ubicación de los tableros, de lo que ahora podemos contemplar.

BIBLIOGRAFÍA.
-Arturo Caballero Bastardo, "Dueñas. Iglesia de Santa María", Palencia 1992.
-Arturo Caballero Bastardo, ficha "Sillería de Coro", cat. expo. "Ecos de un reinado. Isabel la Católica, los Acuña y la ville de Dueñas", Palencia 2004.
-El Diario Palentino-El Dia de Palencia, "Las retauraciones realizadas en la iglesia de Dueñas en retablos, altares, sillerías y sepulcros", extraordinario, Martes 9 de octubre de 1951.
-Dorothy y Henry Kraus, "Las sillerías góticas españolas", Madrid 1984.
-José Martí y Monsó, "Dueñas.I glesia de Santa María", B.S.C.E., año I nº. 12,Valladolid Diciembre 1903.
-Juan José Martín Gonzalez, "La sillería de Santa María de Dueñas (Palencia), A.E.A., Madrid 1956.
-Rafael Navarro García, "Catálogo Monumental de la Provincia de Palencia", f.IV, Palencia 1946.
-Emilio Orduña Viguera, "Arte español. La talla ornamental en madera", Ibero- Americana de Publicaciones 1930 (ed. facsimil Maxtor Valladolid 2003).
-Amado Salas, "Reseña de los documentos históricos inéditos actualmente existentes en los archivos eclesiástico y municipal de la Villa de Dueñas", BSCE nº. 54 y 57, Valladolid 1907.

NOTAS.
-Las sillas, en cada grupo de sitiales, están dispuestas separadas por columnillas que sostienen los doseles; esta forma fue frecuente hasta los comienzos del Renacimiento. Los motivos ornamentales fueron tomados, en general, de la sillas góticas.
-La decoración de los doseles es similar a la de los respaldos; el diseño se asemeja, a veces, con el de algunas decoraciones de la sillería de coro de la catedral de León
-Las misericordias carecen de adornos
-Dos apuntes para tratar de imaginar como era aquella sociedad en la que "se deterioraron y perdieron" parte de las sillas del coro:
**En los papeles de la visita del obispo cabeza de Vaca en 1545 se escribe: "Que los beneficiados no consientan a los retraídos en la iglesia estar en ella, más que diez días, ..., que algunas personas por delictos o debdas, se acogían a esta iglesia y se aposentaban en la casa que dicen del treintanario, la cual está incorporada y fundada en y sobre la dicha iglesia, y a causa de las tales personas sus parientes y amigos concurrían en la dicha casa y en ella hacían juegos, comidas y cenas, y algunas veces las tales personas acogidas ejercitan y negocian sus tractos y mercaderías, comprando y vendiendo y otras profanidades lo cual es deservicio de Dios, y en vilipendio de su casa, ...".
**Y en las actas de la visita de 1507 se cuenta de un procedimiento contra "el Bachiller de las Donas" que estorbaba a los religiosos franciscanos o dominicos que venían a predicar a la villa "tomándoles el púlpito con lo cual había muchas desuniones y escándalos", y aunque se le amenazó con la excomunión y multa de 50 doblas, ni por esas se tranquilizó el tal Bachiller.

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