viernes, 19 de octubre de 2012

ESCULTURA FUNERARIA (III)


Sepulcro del Infante Alfonso (Cartuja de Miraflores, Burgos).
(TERCERA PARTE)


II.IV. LAS PILASTRAS LATERALES.

El diseño general del monumento, que obedece al esquema sepulcro-retablo, repite la fórmula tradicional de sepulcro adosado a un muro enmarcado por gruesos contrafuertes. Los largos pilares que le limitan lateralmente se dividen en tres tramos donde se sitúan pedestales para parejas de esculturas. De ellas once son apóstoles y la otra representa a Juan Bautista; las cuatro figuras de la parte superior son ligeramente más altas que las situadas en la parte inferior Se ordenan de la siguiente manera:
El primero, a la derecha y abajo, es Tomás, con antiparras y un tocado a modo de casco. Le faltan las manos, con las que posiblemente sostenía un libro, y junto a un brazo asoma la escuadra; algunos le consideran autorretrato de Gil de Siloe, o al menos así le decían a Wethey los monjes que le sirvieron de guía.
Para el hombre occidental de la Edad Media los santos eran sobre todo intercesores y patronos. Si queremos aproximarnos a lo que fueron aquellos remotos años hay que saber que la mentalidad de sus gentes era muy distinta a la nuestra y por tanto sus creencias. Su necesidad de ayuda en las horas difíciles de la vida les hacían recurrir en su mente a un santo compasivo.
Al lado de Tomás figura Judas Tadeo; un escultura más convencional. Entre los santos más representados en la Edad Media los apóstoles ocupan la primera fila. En la época románica los apóstoles, generalmente, no tienen como atributo más que un libro en sus manos; tan sólo San Pedro solía llevar las llaves. A los profetas, como eran muchos se les dotó de una filacteria con algún texto que les identificase para ayudar al pueblo a que pusiese el debido nombre a cada una de las esculturas. A partir del siglo XIII, cuando se empezaron a situar a los apóstoles a ambos lados de las portadas de las catedrales, se les dotó de un tipo físico que representase su carácter, y se les añadió en sus manos el instrumento de su suplicio; pero aún no se estaba de acuerdo sobre el tipo de muerte que sufrió cada uno.
Su representación ha dado lugar a veces a identificaciones erróneas, confundiéndosele en especial con San Simón, por la variedad iconográfica que lo ha caracterizado; se le ha personificado con un mazo (útil con el que según la tradición católica sufrió martirio), con una espada o con una sierra.
En el pilar derecho, en el segundo nivel, figura Mateo; sujeta con su mano izquierda un libro abierto y con la derecha la alabarda o hacha, uno de los atributos de su iconografía. Se considera que fue muerto cuando estaba orando a filo de espada o hacha por haberse opuesto al matrimonio del rey Hirciaco con su sobrina. En otras ocasiones, cuando se le representa como Evangelista el atributo que le acompaña es el de un ángel (como en el caso del sepulcro de Juan II).
La mayor parte de los historiadores de arte consideran que la realización del Apostolado fue trabajo de más de una mano con sus correspondientes formas de trabajar aún dentro del taller de Gil de Siloe. Sus diferencias pueden notarse especialmente en las anatomías, los tipos físicos y el tratamiento y plegado de las telas.
Junto a Mateo, en el segundo nivel, figura Felipe. Lleva en sus manos un libro entreabierto y con el brazo izquierdo sujeta la cruz; de su cinturón cuelgan un rosario, un cuchillo en su vaina y una bolsa. Cuenta la tradición que fue crucificado trás haber sido lapidado; de ahí la cruz que sujeta con su brazo.
El esbozo de la personalidad de Felipe que dan los Evangelios viene a ser la de un hombre tímido, juicioso y algo ingenuo.
En el nivel superior del pilar derecho figuran San Pedro y San Pablo. San Pedro, de barba corta y rizada, lleva un libro, con el canto de sus hojas dorado, en la mano derecha y con la izquierda sujeta las llaves; normalmente estas son dos, pero en algunas ocasiones pueden aparecer tres o una sola como en este caso.
El arrugado rostro, gastado por el paso del tiempo, se presenta con gran realismo. Conserva restos de policromía -en la cara y en los ojos, en las manos donde se marcan sus venas, y en el pelo, la barba, la llave y los bordes de su ropa-, siendo las formas de la escultura, como las de las otras tres del nivel superior de los dos pilares, muy diferentes del resto.
A San Pablo le falta la mano derecha y la espada (tan sólo queda un pedacito de su punta y una muesca sobre el manto donde descansaba). Su nombre procede del antiguo cognomen latino Paulus, derivado del adjetivo "paulus", pequeño, débil.
Su pelo, barba, borde de su manto y botones de su ropa son dorados. Rostro, ojos, manos y pies muestran trazas naturalistas de color; su pelo y barba, son más largos y lisos que los de san Pedro. El forro de su túnica era azul.
En el otro pilar o contrafuerte, el de la izquierda del sepulcro, en el nivel inferior figuran Andrés y Bartolomé. San Andrés, calvo, de vigorosa cabeza, sostiene un fragmento de la doble cruz, casi escondida por su manto, con la mano derecha; sobre la cruz figura una roseta y debajo una elaborada letra A. Sostiene, con la mano izquierda, un libro abierto que parece leer, y de su cinturón cuelga un cuchillo enfundado.
Es, quizás, una de las mejores esculturas del conjunto, por el tratamiento de sus ropas con efectos de luces y sombras y por su aspecto físico, de cansada expresión de ensueño. El borde de su manto está cincelado en un diseño de rosas silvestres de largo tallo y su extremidad adornada con una doble hilera de piedras redondas.
Bartolomé lleva larga barba y la cabeza adornada con numerosos rizos. Con su mano derecha sujeta el cuchillo de su martirio, y bajo el brazo izquierdo un libro cerrado. A sus pies, sujeto con su mano izquierda, el demonio encadenado. Pese al desacuerdo con la tradición, se creyó que había sido desollado vivo, por lo que como atributo iconográfico se le puso un cuchillo en su mano, y se le añadió el demonio a sus pies; no obstante, lo del recurso al libro, como en la época románica, siguió siendo eso, un recurso a no despreciar.
En el capítulo de la "Leyenda dorada" que trata de san Bartolomé un personaje, un ídolo llamado Berith, le describe de esta manera: "Es un hombre de estatura corriente, cabellos ensortijados y negros, tez blanca, ojos grandes, nariz recta y bien proporcionada, barba espesa y un poquito entrecana; va vestido con una túnica blanca ...". La escultura del apóstol que realizó Gil de Siloe para el sepulcro podría encajar en la descripción.
En el nivel medio de este pilar está situado Santiago el Mayor. La escultura responde a su iconografía tradicional de peregrino. Lleva su bordón (quedan tan sólo dos fragmentos), su bolsa (una cuerda que rodea el cuello de Santiago puede que la sujete), un libro y un rosario. La pechera de su ropa está adornada por numerosas conchas.
El arte de Gil de Siloe es esencialmente el de un decorador. En las esculturas de figuras humanas el adorno es fundamental, el cuerpo no tiene existencia, y el movimiento es buscado por medio de la línea, la luz y la sombra; incluso la barba y el pelo se utilizan como adornos de la línea caligráfica. Es decir, la figura humana también es tratada en forma decorativa.
Santiago el Menor lleva una cartera y entre sus manos un rosario. Su atributo, el garrote de batanero, está roto, pero quedan su cabeza a los pies del apóstol y un fragmento del fuste que agarra con su mano.
Para Mª.J. Gómez Bárcena "San Felipe, San Bartolomé y Santiago el Menor, se caracterizan especialmente por sus rostros delgados, marcados pómulos, cabello abundante y barbas rizadas. Este modelo está muy próximo a la mayoría de los Apóstoles del sepulcro de Juan de Padilla ... por lo que seguramente corresponden a la actividad de una misma mano del taller de Gil de Siloe".
Bajo los doseles más altos figuran los dos "San Juanes", conocida devoción de la reina Isabel, y aunque uno de ellos no fuese apóstol. Las esculturas parecen obedecer a patrones estilísticos distintos a los de las otras figuras; para Isabel del Río de la Hoz son obras de Felipe Bigarny: "...en el sepulcro del infante Alfonso, en los dos pináculos que delimitan el arcosolio, hay cuatro imágenes que distan mucho de presentar el estilo de Siloé; en concreto son las de la parte superior... A maestre Felipe ... podríamos atribuirle las cuatro de la parte superior. Pero donde resulta más claro su estilo naturalista nuevo, alejado del arte flamenco que domina en la capilla, es sobre todo en la figura de san Juan Bautista, ...". De complexión atlética, sostiene con la mano izquierda un libro cerrado, y sobre él un cordero al que señala con el índice de su otra mano.
San Juan Evangelista, joven e imberbe, sostiene el cáliz; de su cinturón cuelga un plumero. Conserva restos de policromía y dorado del mismo tipo que San Pedro y san Pablo; el forro de su manto es azul y el cáliz está dorado todo él.
A la altura en que arranca el arco conopial que enmarca el nicho, hay, en cada uno de los pilares, a modo de gárgolas, dos animales fantásticos, dos dragones alados; parece que estuviese traduciendo a escultura lo que sería una composición arquitectónica, con sus elementos salientes de adorno , con sus gárgolas incluso; un  detalle habitual en los retablos de Gil de Siloe.


BIBLIOGRAFÍA.
-María Jesús Gómez Bárcena, "Escultura gótica funeraria en Burgos", Burgos 1988.
-María Jesús Gómez Bárcena, "El sepulcro del Infante Alfonso", en "Actas del Congreso Internacional sobre Gil de Siloe y la escultura de su época", Burgos 2001.
-Beatrice Gilman Proske, "Castilian Sculpture. Gothic to Renaissance", New York 1951.
-Emile Mâle, "L'art religieux de la fin du moyen âge en France", Paris 1922.
-Emile Mâle, "L'art religieux du XIIIe siècle en France", Paris 1986.
-Isabel del Río de la Hoz, "El escultor Felipe Bigarny (h. 1470-1542)", Salamanca 2001.
-F. Tarín y Juaneda, "La Real Cartuja de Miraflores (Burgos): su historia y descripción", Burgos 1896.
-Harold E. Wethey, "Gil de Siloe and his school. A study of late gothic sculpture in Burgos", Massachusetts 1936.
-Joaquín Yarza Luaces, "Los sepulcros reales de la Cartuja de Miraflores", en "La Cartuja de Miraflores. I.- Los sepulcros", 2007.



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