jueves, 27 de diciembre de 2012

ESCULTURA FUNERARIA (IV)


Sepulcro de Juan de Padilla (Monasterio de Fres del Val, Burgos).
(SEGUNDA PARTE Y ÚLTIMA PARTE)


El sepulcro de Juan de Padilla en su reconstrucción actual en el Museo de Burgos presenta su cuerpo o urna descansando directamente en el suelo; en su origen lo hacía sobre un embasamento adornado, al menos, con una pequeña moldura con follaje y animales (sus restos pueden verse en la fotografía que hemos recogido de cuando el monumento se alzaba en Fresdelval), similar a la que deteriorada enmarca los otros tres lados del frontal de la cama del sepulcro.
El lecho o arca presenta en su frente dos escudos con los blasones de Padilla y Guzmán, tres ángeles tenantes de los escudos y dos pajes en los extremos con las armas del difunto. Los escudos son partidos y al primero ambos llevan tres padillas (palas de horno) puestas con el mango hacia abajo, paralelas, en situación de faja, acompañadas cada una de tres medias lunas; en el segundo calderas y bandas con cuñas y cruz.
A los lados del grupo de los tres ángeles con los escudos figuran dos pajes. El de la izquierda, la cabeza cubierta con gorro, sostiene una pieza de la armadura y una lanza.
El de la derecha, melena larga y tocado, sostiene una gran coraza apoyada en el suelo.
Viste la estatua del difunto rica armadura que asoma bajo el ropón de anchas mangas que le cubre, excepto en la cabeza y en las manos, y un agraciado gorro. Arrodillado sobre un muy decorado cojín, la capa que lleva es de estilo similar a la del infante don Alfonso -o a la del rey don Juan II-, en la Cartuja de Miraflores.
Sobre su pecho luce un collar que imita cadenetas de oro unidas entre sí en forma de corazones de los que penden adornos de pedrería. El manto -"ataviado con tan ricas preseas, doradas en gran parte" escribía Carderera-, se decora con grandes medallones asemejándose al del rey don Juan II de la Cartuja; las trazas de dorado que decía Carderera han desaparecido totalmente. Tiene juntas las manos con sortijas sobre los dedos enguantados, a la moda; las manos rotas, como se aprecia en la fotografía, ya las conoció Wethey en 1936 restauradas.
De grandes y rasgados ojos, nariz recta -con deteriorada punta-, labios de niña (según Wethey), el cabello largo cae hasta los hombros enmarcando un rostro que en palabras de Gómez Bárcena podría ser un verdadero retrato. Se toca la cabeza con una inclinada gorra casquete con aletas recogidas por lazos.
Al igual que el infante don Alfonso en la Cartuja se arrodilla ante un reclinatorio cubierto por un paño de brocado sobre el que reposa un cojín con borlas  y sobre este un libro abierto.
Detrás de don Juan de Padilla se arrodilla un paje que para Wethey es "indudablemente el trabajo de un ayudante [de Gil de Siloe]", "un escudero con el yelmo arrodillado" escribía Madoz. Viste ropa corta y entre sus brazos sujeta una espada y un gran casco. Tiene la cabeza restaurada -como se aprecia por el color más oscuro de la piedra y por su ensamble con la escultura-, y le falta el pie derecho.
El fondo del nicho del sepulcro figura dividido en tres secciones horizontales. La sección inferior está decorada por tracería y limitada en su parte superior por una moldura decorada con motivos vegetales. La sección intermedia está dividida en cuatro compartimentos dispuestos en forma asimétrica y en palabras de Wethey "desequilibrados" y no muy acertados; para él, " uno podría atribuir la disposición a una reconstrucción incorrecta". La parte superior de tres de los compartimentos se coronaba con doseles interrumpidos en la parte izquierda al estar allí, entonces, situada una lápida sujeta por dos niños y dispuesta para acoger un epitafio. "El compartimiento del medio con sus doseles fue pensado para enmarcar la efigie, y originalmente puede haber alcanzado ese propósito, porque sabemos que el monumento estaba situado más alto que el espectador" escribe, el profesor americano, al respecto. La tercera sección, que se adapta a la forma semicircular del arco que cobija el conjunto, se adorna con una muy sencilla tracería que da la sensación de no estar terminada.
Es probable que Gil de Siloe muriese antes de terminar el sepulcro; fallos como los de la decoración interior del nicho parecen inexplicables cuando se tiene en cuenta la habilidad que mostró en la Cartuja de Miraflores para integrar los innumerables detalles allí presentes. Lo anterior parece corroborarlo el incompleto epitafio consistente en una línea que dice: "EN LOS XX AÑOS DE SU " seguida de dos letras incompletas que parecen ser una L y una E, que podría querer significar "En su vigésimo año" (en la línea siguiente la letra F indicaría el inicio de "Fallesció").
[Quizás convenga observar que en el montaje actual del sepulcro en el Museo de Burgos la ubicación del epitafio ha cambiado de lugar pasando a estar situado al lado derecho; así mismo se ha reordenado la tracería y los doseles de la segunda sección]
Bajo la lápida con el epitafio figura ahora un relieve con la representación de la Piedad. Casi todos los escritores que lo han hecho sobre esta imagen consideran que difiere considerablemente de otros trabajos de Gil de Siloe y su escuela. Así para Harold Wethey "el fino tratamiento del desnudo se puede explicar solamente por un seguro contacto con el Renacimiento". El paño de pureza de Cristo y la toca de la Magdalena están tratados de igual forma. Para Mª Jesús Gómez Bárcena "posiblemente Gil de Siloé proporcionaría el diseño de la obra pero es dudoso que él la ejecutase". No obstante, ambos autores señalan que el paisaje del fondo del relieve ya fue utilizado en el retablo del Árbol de Jessé y en el de la Cartuja de Miraflores o en las Puertas de paso al claustro de la catedral de Burgos.
La rosca del arco del nicho se adorna con una pequeña moldura con decoración vegetal con algún animal y algún niño.; y la que forma el trasdós remata en conopial.
Un trozo de piedra prismático carente de decoración a pesar del "horror vacui" característico de Siloe figura en el espacio triangular del conopio y que podría ser otro indicio de sepulcro sin terminar. Como remate del canopio un grumo con ménsula que se termina en un adorno vegetal. 
Por encima del arco una sección rectangular adornada con tracería y dos trozos de moldura decorada  a modo de soporte de algunas posibles estatuillas. La sección, y hoy en día el monumento, se acaba con una moldura decorada con cardina.
El conjunto del sepulcro, se enmarca con dos pilares rematados en pináculos y adornados con estatuas bajo doseles; las situadas a la altura de la mitad del nicho representan a cuatro Apóstoles, dos a cada lado. Se fusionan con la arquitectura, al modo del Románico, de tal modo que las líneas verticales se mantienen intactas. Pedro y Pablo, en el pilar izquierdo, son figuras esbeltas, de canon alto.
Pedro, quizás la escultura más floja en cuanto a ejecución, presenta su tradicional iconografía con las llaves en su mano izquierda y un libro en la derecha. En opinión de Proske sería obra de un ayudante de Gil.
Pablo, sujeta un libro abierto con su mano izquierda y con la derecha la espada; se adorna con su característica barba puntiaguda. Para Wethey pudo ser tallada por el mismo oficial que hizo las ahora desaparecidas tallas de san Lucas y san Marcos de la predella del retablo de Santa Eugenia en la iglesia del mismo nombre de Astudillo (Palencia).
A la derecha se representa a Santiago el Mayor con su característica iconografía de peregrino. Su rostro, con grandes barbas rizadas aparece con las características técnicas de Siloe de líneas poco profundas y cortos arañazos alrededor de los ojos y en el entrecejo.
Forma pareja con Santiago la imagen de San Andrés Apóstol con enrollados y torcidos rizos en el pelo. Gasta gafas y su perilla a la moda ha sido dañada. Sostiene con su mano derecha la cruz y con la izquierda un libro abierto.
Los seis santos, agrupados de tres en tres, y situados bajo los correspondientes doseles en la parte superior de los pilares han sufrido algunos daños y mutilaciones. Aluden a las virtudes que caracterizaban al difunto o a cuestiones devocionales y otros factores. A la derecha figuran San Martin, con  su capa partida por haberla compartido con un pobre, el arcángel San Miguel, principal enemigo de Satanás o arcángel de los ángeles caidos y un santo vestido con armadura que para Wethey podría ser San Sebastián.
En el pilar de la izquierda figuran un santo sin identificar que para Gómez Bárcena podría ser San Simón pero que Wethey duda sea un Apóstol al estar agrupado con santos guerreros y monásticos. A su lado, en el centro, San Jorge -propio de las sepulturas de los combatientes contra el Islam-, decapitado, con el dragón a sus pies, y un santo con el rostro totalmente destruido reconocible como San Francisco por su hábito y por su mano extendida para exhibir el estigma.
Para Wethey los seis santos son de la misma mano que hizo los profetas situados en los alojamientos de la base del sepulcro de Juan II en la Cartuja de Miraflores, e indica -en base al dibujo de Assas-,que los dos grupos fueron intercambiados al erigir el sepulcro en el Museo de Burgos.
Durán Sanpere escribía que "La tumba de Juan de Padilla, ..., está considerada como la obra maestra de Gil Siloee. Muy parecida a la [del Infante Alfonso en Miraflores]..., ofrece, ..., una mayor contención ornamental, llevando así a una etapa cásica el exuberante gótico florido". Y Mª Jesús Gómez Bárcena compartía la atribución del orante Juan de Padilla a Gil de Siloe pensando que "el resto del conjunto pudo ser obra de ayudantes que también colaboraron en las grandes obras de la Cartuja".

BIBLIOGRAFÍA.

-Manuel de Assas, "Monasterio de Fres del Val", en "Monumentos Arquitectónicos de España", Madrid 1878.
-Valentín Carderera y Solano, "Iconografía española", t.II,  Madrid 1855.
-Agustin Durán Sanpere y Juan Ainaud, "Escultura gótica" en "Ars Hispaniae", Madrid 1956.
-Mª Ángela Franco Mata, "Tres esculturas góticas procedentes del Monasterio de Fresdelval (Burgos) en el Museo Arqueológico Nacional", Rev. Arch. Bibl. Mus., Madrid 1978.
-María Jesús Gómez Bárcena, "Escultura gótica funeraria en Burgos", Burgos 1988.
-María Jesús Gómez Bárcena, "Un Santo Tomás de Gil de Siloe"; AEA nº.249, Madrid 1990.
-Pascual Madoz, Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar", t. IV, Madrid 1846.
-Augusto L. Mayer, "El estilo gótico en España", Madrid 1960.
-Basilio Osaba y Ruiz de Erenchun, "Historial del Museo arqueológico de Burgos", B.I.F.G. nº.152, Burgos 1960.
-Beatrice Gilman Proske, "Castilian Sculpture. Gothic to Renaissance", New York 1951.
-María José Redondo Cantera, "El sepulcro en España en el siglo XVI. Tipología e iconografía", Madrid 1987.
-Jesús Saenz de Miera, "Estatua funeraria de Juan de Padilla", ficha nº. 4 en cat. exp. "Reyes y Mecenas", Toledo 1992.
-Enrique Serrano Fatigati, "Monasterio de Fresdelval" en "Notas Arqueológicas", Madrid 1903.
-Harold E. Wethey, "Gil de Siloe and his school. A study of late gothic sculpture in Burgos", Massachusetts 1936.
-Joaquín Yarza Luaces, "La imagen del rey y la imagen del noble en el siglo XV castellano", en "Realidad e imágenes del poder: España a fines de la Edad Media", Ámbito, Valladolid 1988.
-Joaquín Yarza, "Gil de Silóe", Historia 16, Madrid 1991.

NOTAS.

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