lunes, 28 de enero de 2013

RETABLOS (IX)


Retablo del Árbol de Jesé (Capilla de la Concepción, Catedral de Burgos).
TERCERA Y ÚLTIMA PARTE.


En el siglo II se escribe en Oriente Próximo lo que luego se conocerá como "Protoevangelio de Santiago el Menor"; es más una leyenda hagiográfica, centrada en la Virgen, que un evangelio propiamente dicho. El texto consta de dos partes distintas; en la primera se cuenta la vida de María hasta el nacimiento de Jesús. Narra la historia de su concepción milagrosa -relata que sus padres, Ana y Joaquín, ya eran mayores cuando Dios les concedió tener descendencia-, su infancia -puesta al cuidado del Templo-, y su casamiento con José. Es en este texto - o en algún otro derivado de los muchos que circulaban-, en el que se apoyará Siloe para crear un ciclo de imágenes con el que completará el programa principal del retablo.
En una época en que la mayoría de la población era analfabeta las imágenes de los retablos servían como narraciones visuales de historias mediante los que transmitir mensajes. En el retablo de la catedral de Burgos la secuencia comienza con el relieve de la Expulsión de Joaquín del Templo. "Consta en las historias de las doce tribus de Israel que había un hombre llamado Joaquín, rico en extremo, el cual aportaba ofrendas ... diciendo: "El excedente de mi ofrenda será para todo el pueblo, y lo que ofrezca en expiación de mis faltas será para el Señor, a fin de que se me muestre propicio". Y, habiendo llegado el gran día del Señor, los hijos de Israel aportaban sus ofrendas. Y Rubén se puso ante Joaquín, y le dijo: "No te es lícito aportar tus ofrendas el primero, porque no has engendrado, en Israel, vástago de posteridad"" [Protoevangelio...].


Los Apócrifos de la Natividad lo constituyen no sólo el "Protoevangelio de Santiago" sino también sus dos reelaboraciones latinas: el evangelio del "Pseudo Mateo" y el "Libro de la Natividad de María". Su finalidad -aparte de la teológica de defensa del honor de María-, fue la de satisfacer la curiosidad de los fieles sobre hechos que no encontraban en los Evangelios canónicos. En la iglesia Bizantina el "Protoevangelio" se constituyó en la fuente de inspiración y en Occidente el "Pseudo Mateo" y el "Libro de la Natividad de María" fueron  sobre todo los que transmitieron las historias anteriores al nacimiento de Jesús. Años más tarde cambiarían las fuentes de inspiración y pasarían a serlo el "Speculum historiale" y la "Leyenda dorada" al ser retomados en sus libros por Vicente de Beauvais (ca. 1190-1298) y Santiago de la Vorágine (1230-1298).
Aunque probablemente no sólo estos textos sirvieron, en la catedral de Burgos, para crear la historia de los padres de María -Ana y Joaquín-, sino que quizás también se utilizaron otros. 
Debían circular también otros relatos derivados en los que se justificara la presencia de Ana en el Templo. Así, p.e., el "Corona Regia" de Paulus de Heredia que cita Yarza: "Ana y Joaquín fueron expulsados a gritos por los sacerdotes, porque no habían tenido hijos y ya eran ancianos"; o también el conocido como "Gesta infantiae salvatoris", que por internet puede verse en la Bodleian Library en el manuscrito, de hacia 1475, MS Douce 237, y en el que una miniatura nos muestra como un sacerdote rechaza los presentes ofrecidos por Joaquín en presencia de Ana.
Según el "Libro sobre la Natividad de María" Joaquín se había retirado al campo con sus rebaños y pastores cuando tiene la visita del ángel. Dice el libro:  "Y este reproche ... cubrió de extremo oprobio a Joaquín, el cual se retiró al sitio en que estaban sus pastores con sus rebaños. Y no quiso volver a su casa, temiendo sufrir los mismos reproches de sus comarcanos, que habían asistido a la escena, y que habían oído al Gran Sacerdote".
"Y permanecía allí desde hacía algún tiempo, cuando, cierto día que estaba sólo, le apareció un ángel del Señor... No temas, Joaquín, ..., porque soy un ángel del Señor, enviado por Él a tí, para anunciarte..."
"... tu esposa Ana te parirá una niña, y la llamarás María. ... Y, con el curso de la edad, bien como ella nació milagrosamente de una mujer estéril, de igual modo, por un prodigio incomparable... traerá al mundo al hijo del Altísimo, que será llamado Jesús..."
"...Cuando llegues a la Puerta Dorada de Jerusalén, encontrarás a Ana tu esposa, la cual, inquieta hasta hoy por tu retardo, se regocijará sobremanera, al volver a verte."
La representación que realizó Gil de Siloe sigue, como se ve, el "Libro sobre la Natividad de María", aunque para tratar de mantener el tipo humano creado a largo del retablo repite la imagen de Joaquín -de severidad impecable-, vestido en forma que en nada se parece a un pastor. No obstante el escultor utiliza los pequeños detalles para tratar de obtener una sonrisa de los fieles. Así, en la parte alta del relieve un lobo se lleva en la boca una oveja aprovechando que el perro guardián -un poco más a la derecha- está entretenido con la caza de una liebre; y como parece era habitual para conseguir la "risus paschalis" - hacer gestos, contar obscenidades o incluso realizar imitaciones según cuenta Caterina Jacobelli- presenta a un mono tocándose las partes pudendas.
El relieve más pictórico del retablo es el del Nacimiento de María, uno de los temas más entrañables de la iconografía medieval cristiana:  "... regresaron a su casa y, llenos de júbilo, esperaron la realización de la divina promesa. Y Ana concibió y parió una hija, y conforme a la órden del ángel, sus padres le pusieron por nombre María" ["Libro sobre la Natividad de María"]; las tres fuentes apócrifas que lo narran coinciden casi en esta extrema parquedad narrativa. No aportan ningún detalle sobre el lugar o protagonistas salvo la intervención de una comadrona y la presencia de una cuna (que curiosamente Siloe obvia) mencionadas en el "Protoevangelio de Santiago".
Más escueto es aún el "Pseudo Mateo: "Y nueve meses después, Ana dio a luz una niña, y llamó su nombre María". Es claro, ante la parquedad de las fuentes, que cualquier artista que quisiera representar la escena debería aportar bastante de su parte, y, en general, se decantaron por emplear imágenes de aspectos cotidianos propio de cualquier nacimiento de la época, presentando la Natividad de María como si se tratara de un nacimiento contemporáneo. Así Siloe muestra en la parte inferior del relieve a una sirviente y a una mujer que podría ser Ismeria -hermana de la parturienta-, que tienen entre sus brazos el cuerpo desnudo de María al que secan con una tela; junto a ellas un brasero con el que la calientan (con frecuencia en pinturas o manuscritos es sustituido por una palangana o jofaina).
Santa Ana figura acostada leyendo en su cama asistida por dos mujeres; una, quizás la comadrona que menciona el "Protoevangelio" o una sirviente, lleva una especie de plato o calentador, y de la segunda - ¿Isabel, prima de María y futura madre del Bautista?-, se desconoce lo que sujetaría entre sus manos porque la tela con la fuente es un añadido reciente. Gran parte de la superficie de la habitación la ocupa la cama con dosel, con sus grandes cortinones, una silla dorada, y diversos objetos cotidianos: lámpara, repisa con libro, etc. Por la izquierda, se acerca caminado una mujer -¿una vecina?-, con algo en su mano derecha difícil de identificar.
Las imágenes de estos ciclos narrativos inspiradas en el "Protoevangelio de Santiago", en principio rígidas y distantes (quizás por provenir de la cultura oriental) tendieron a acercarse a los fieles mediante la remisión a su entorno y cotidianeidad; no debe olvidarse que estas representaciones eran una manera de ayudarles a comprender la fe.
El último relieve del ciclo concluye con la historia de la Presentación en el Templo. Los tres "Apócrifos de la Natividad" sintetizan la presentación como sigue: "a los tres años de edad María fue conducida por sus padres, Joaquín y Ana, a Jerusalén para ser consagrada al Señor y dedicada al servicio del templo, en un género de vida recoleta y devota similar al que ya cumplían otras doncellas allí recluidas; subiendo con rapidez por su propio pie las gradas de acceso al santuario, la Virgen niña fue recibida con toda solemnidad por el sumo sacerdote, antes de ser conducida por éste al sancta sanctorum; en aquella intimidad sacra viviría María durante toda su infancia, en diálogo permanente con los ángeles, uno de los cuales la nutría en persona con pan celestial". En la Edad Media, el tema -tomado de los Evangelios Apócrifos-, fue popularizado por la "Leyenda Dorada"; en el Renacimiento los artistas ya no tendrían en cuenta la tradición establecida a partir de los Evangelios Apócrifos, y asi, p.e., no se sentirían en la obligación de representar los quinces peldaños rituales de la escalinata -reducen su número-, o la Virgen niña no ascendería sola sino ayudada por su madre o por un ángel haciéndose la escena más humana.
En el relieve de Siloe la Virgen no es ya una niña de tres años sino más bien una adolescente. Sus padres figuran al pie de la escalera, junto a tres mujeres, con actitud de asombro; al otro lado tres hombres miran con curiosidad. Varias vírgenes, vestidas con elegancia, se asoman a la galería alta del Templo. La Virgen lee en un libro abierto que le presenta un ángel con alas; ningún sacerdote ha salido a recibirla. Quizás la escena obedezca al texto de la "Leyenda Dorada": "... era cada día visitada por los ángeles".
La iconografía de la predela o bancada -muy amplia en este retablo-, acostumbra a ser independiente del programa principal, y con frecuencia presenta a los cuatro Evangelistas pues sus textos se consideraban como pilares de la iglesia. Este es el caso; san Pedro y San Pablo les complementan junto a una escena central de la "Imago Pietatis".
La "Imago Pietatis" - o "Cristo varón de dolores"-, muestra a Cristo sentado sobre el sarcófago donde estuvo enterrado junto a los signos de la Pasión que son sostenidos por diversos ángeles. A su derecha aparecen María su madre, y Juan, y a la izquierda la Magdalena y otra mujer cuya identificación admite diversas interpretaciones; todos muestran gestos de dolor. No deja de llamar la atención que a pesar del lugar que ocupa el relieve haya sido realizado por el taller estando ejecutadas las imágenes con cierta torpeza.
Mateo Evangelista
A los cuatro Evangelistas los presenta Siloe como si fuesen escribas acompañados cada uno por el animal simbólico que se les asociaba. Según Mâle, "desde los primeros siglos del cristianismo se admitió que el hombre, el águila, el león y el toro vistos primero por Ezequiel junto al río Kebar y luego por san Juan alrededor del trono de Dios, simbolizaban los cuatro evangelistas. En la iglesia primitiva, el miércoles de la cuarta semana de cuaresma, se explicaba a los catecúmenos, cuyo bautismo estaba ya próximo, el significado de esos cuatro animales misteriosos. Se les enseñaba que el hombre era figura de san Mateo, el águila de san Juan, el león de san Marcos y el toro de san Lucas, y se les daba las razones". Todos los Evangelistas presentan una filacteria  con alguna inscripción no siempre descifrable. Se sientan sobre tronos dorados decorados con tracería y en cuyas esquinas superiores figuran pequeñas esculturas de santos de imposible identificación. En el relieve de San Mateo el ángel del tetramorfos sostiene el evangelio abierto mientras el evangelista saca punta a la pluma con la que va a escribir.
Marcos Evangelista
San Marcos aparece representado como un hombre barbudo tocado con un capirote con beca o manga; lleva quevedos -descubiertos hacia 1300-, mientras escribe sobre la filacteria. Siloe volvería a representar a un apóstol con lentes en el sepulcro del Infante Alfonso en Miraflores.
La cronología y autoría del retablo del Árbol de Jesé la conocemos a partir de documentación indirecta reflejada en el Libro Becerro del Colegio de San Gregorio de Valladolid; cuando se refiere al retablo -desaparecido cuando la invasión francesa-, que para esta capilla se hizo a iniciativa de Fray Alonso de Burgos se menciona que "... su ejecucion se conserto con los Maestros diego de la Cruz y el Maestro Guilles escultores vezinos de la ciudad de Burgos para que hiciesen dho retablo en la misma forma que el retablo que havían hecho en la Yglesia cathedral de la ciudad de Burgos por orden y mandato del señor obispo de ella ..."( se refiere al obispo Luis de Acuña). Dado que el retablo para el Colegio de San Gregorio se hizo entre 1486 y 1489, el del Árbol de Jesé debió hacerse entre 1483 y 1486 aproximadamente.
Juan Evangelista
También sabemos de la realización del retablo por Gil de Siloe gracias a una noticia proporcionada en 1537 por el clérigo Atienza que había estado al servicio del obispo y confiesa que "...bio pagar los dineros del retablo a maestre Gil padre de Diego de Siloe y que no lo pagara ni la fiziera facer el dicho señor obispo sy no fuera suyo e para dicha capilla".
San Juan Evangelista lleva la cabeza destapada , y aunque el escultor le hizo barbilampiño Diego de la Cruz al policromarlo le dotó de unos pelillos sobre el labio y en el mentón.
Lucas Evangelista
Lucas aparece dotado de un bonete, y, en lugar de disponer de pupitre o mueble como en el caso de los tres anteriores, figura escribiendo sobre un atril. Le acompaña el toro que le identifica, de cuyo cuerno cuelga el portaplumas.
Desde el siglo IV a Pedro suele representársele con barba corta y tupida y el pelo ensortijado. Viste manto dorado y de su brazo derecho penden dos llaves; de la muñeca de la misma mano pende un objeto que parece un fragmento de un hueso y del que desconozco su significado. Una característica no muy habitual en el Apóstol son las abundantes lágrimas que caen por sus mejillas.
San Pablo lleva el cabello rapado y con su brazo izquierdo sostiene la espada -su atributo iconográfico más habitual-, con la que se supone fue decapitado. Dadas las abundantes lágrimas sobre sus mejillas -al igual que en el caso de San Pedro-, puede que quieran significar el dolor que sufren ante la escena central de la predela donde figura Cristo con la corona de espinas.
El retablo, como suele ser habitual, se remata con un Calvario compuesto por el Crucificado entre María y Juan.
A pesar de la altura a que se encuentra, Cristo presenta una cabeza muy expresiva; el paño de pureza suelto, parece movido por el viento. Comparado con el Crucificado de Ciguñuela (Valladolid), que para Urrea era el que coronaba el retablo del Colegio de San Gregorio también realizado por Siloe -aunque algunos estudiosos piensan que quizás fue el del desaparecido retablo que diseñó Simón de Colonia para la iglesia de San Pablo-, es menos expresivo en su movimiento y menos audaz que el del retablo de Miraflores.

En 1492 el obispo tuvo la intención de ampliar el conjunto; no sabemos en que consistió la modificación o si incluso se llevó a cabo. Para algunos puede que se realizase el Calvario de la parte superior y los Profetas que se alzan junto a los pilares extremos; para otros no se hizo nada.


BIBLIOGRAFIA.

-Clementina Julia Ara Gil, "Los retablos de talla góticos en el territorio burgalés", Burgos 2006.
-Mª Caterina Jacobelli, "Risus Paschalis", Barcelona 1991.
-Severine Lepape, "L'Arbre de Jessé: une image de l'Immaculée Conception?.", L'Atelier du CRH, 2012
-Teófilo López Mata, "La Catedral de Burgos", Burgos 1950.
-Emile Mâle, "L'art religieux de la fin du Moyen Age en France. Êtude sur l'iconographie du Moyen Age et sur ses sources d'inspiration", Paris 1922.
-Augusto L. Mayer, "El estilo gótico en España", Madrid 1960.
-Eloino Nacar Fuster y Alberto Colunga, "Sagrada Biblia", Madrid 1963.
-José Martí y Monsó, "Estudios histórico-artísticos relativos a Valladolid", Valladolid 1898.
-Beatrice G. Proske, "Castilian Sculpture. Gothic to Renaissance", New York 1951.
-Louis Réau, "Iconografía del arte cristiano. Iconografía de la Biblia- Nuevo Testamento", t. I, vol. II, Barcelona 2008.
-Harold Wethey, "Gil de Siloe and his school. A study of late gothic sculpture in Burgos", Cambridge, USA 1936.
-Joaquín Yarza Luaces, "Gil de Siloe", Madrid 1991.
-Joaquín Yarza Luaces, "Gil Siloe. El Retablo de la Concepción en la capilla del obispo Acuña", Burgos 2000.

NOTAS
-Johannes Geiler fue quizás el mayor predicador popular en lengua alemana en la segunda mitad del siglo XV.
En la catedral de Estrasburgo en la rampa de las escaleras del magnífico púlpito realizado por Hans Hammer en 1485  para Johannes Geiler de Kaysersberg figura una pequeña escultura de un perro que según la leyenda recuerda al que solía acompañarle cuando sus predicaciones. De Johannes Geiler nos cuenta Caterina Jacobelli la costumbre que mantuvo durante mucho tiempo de hacer reir a los fieles con ocasión de algunas vigilias de fiestas litúrgicas con sus sermones.
Gil de Siloe además de escultor fue un gran diseñador, y en todas sus obras nunca olvidó el cuidar la decoración marginal.
Y así lo hizo en el retablo del Árbol de Jesé, siempre tratando de obtener una sonrisa de los fieles que observasen sus retablos o sus sepulcros.  En una de las orlas, casi oculto por la corona de uno de los Reyes figura un perrillo que a mí siempre me recordó el que acompañaba a Johannes Geiler, el predicador alemán que fomentaba la "Risus Paschalis"; quizás por eso, y dado que estas notas no tienen más aspiración que las de ser parte de un blog no he podido resistir la tentación de recordar aquí a los dos perrillos.


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