miércoles, 11 de junio de 2014

RETABLOS (XIV)

Retablo de Santiago, iglesia de Santa María la Real, Sasamón (Burgos).


Las ideas que motivaban a los patronos que encargaban una escultura religiosa al final de la Edad Media en España obedecían generalmente a un interés devocional, a una necesidad litúrgica dentro del templo o a una idea de prestigio propio; lo que predominaba en el gusto de los mecenas de la primera mitad del siglo XVI castellano era la idea de suntuosidad -procedente del mundo borgoñón-, frente a un concepto más estético de buscar lo creativo o una idea personal. Los conceptos  de devoción, sacralización y lujo iban unidos;  lo que pretendía el mecenas del momento era que el lujo quedase expresado por la decoración abigarrada y por la luz del oro de los ensamblajes. Felipe Vigarny fue ante todo un empresario en el ramo del arte. Su vida viajera le obligó a mantener al mismo tiempo diversos talleres abiertos en los que trabajaba oficiales de confianza que interpretaban sus ideas  y trazas; algunos se independizaron como maestros repitiendo unos tipos similares en muchas de sus producciones, aunque en general con una técnica media muy elevada que reflejaba su pericia artesanal.
En la iglesia de Santa María la Real de Sasamón existe un retablo plateresco, con una estructura de bastante calidad, dedicado a Santiago, con la escena central mostrándole como "matamoros" y las otras tomadas de su leyenda. Los temas de su iconografía probablemente fueron impuestos por el comitente pero su autor, actualmente desconocido, parece claro, se inspiró en los modelos establecidos por maestre Felipe dotándolos de una tendencia a lo anecdótico muy del gusto popular.
La predela del retablo está construida con tres bajorelieves que presentan figuras femeninas medio flamencas. El banco se halla presidido por la Virgen con el Niño -al que ofrece una pera-, flanqueados por dos ángeles con instrumentos musicales de cuerda.
El bajorelieve de la izquierda muestra a María Magdalena, con el pomo de los ungüentos, y a Santa Catalina de Alejandría, que aunque no figure con la tradicional rueda dentada de su suplicio con la que suele presentarse si aparece con la corona real -Santiago de la Vorágine en su Leyenda Dorada la retrataba como una princesa pagana dedicada al estudio de la filosofía-, el libro alusivo a su saber, la palma de mártir y la espada de su decapitación.
En el bajorelieve de la derecha del banco se representa a Santa Bárbara -reconocible por la torre de su encierro, aunque se ve que el artista no estaba muy versado en el tema y no puso a la torre las tres ventanas que simbolizaban la Trinidad y que provocarían que su padre, un rey sátrapa, quisiera matarla al enterarse del significado de su simbolismo-,  junto a Santa Marina de Antioquía (para griegos y coptos) o Santa Margarita (para los latinos) acompañada por la cabeza de su enamorado el prefecto romano Olybrius (otras veces es un dragón o un diablillo). Santa Catalina, Santa Bárbara y Santa Margarita -a las que se añadía a veces a la Virgen-, eran las tres santas femeninas que figuraban en el grupo conocido como "santos auxiliadores o intercesores" (culto de origen germánico conocido como "vierzehn Nothelfer" que conoció una gran expansión europea), grupo de catorce santos célebres en época medieval por ser especialmente eficaces al responder a las invocaciones que les dirigían los fieles
El retablo de Santiago  de la iglesia de Santa María la Real de Sasamón consta de tres calles separadas por cuatro grandes pilastras corintias decoradas con ornamentación a candelieri, capiteles, y conchas de peregrinos. Se remata con tres veneras ornamentadas con dos pináculos.
En el centro del retablo descuella la figura del Apóstol Santiago, blandiendo la espada, montado sobre caballo blanco; en palabras de Narciso Sentenach "en el centro se destaca Santiago a caballo matando moros". Según la leyenda, el rey Ramiro I se negó a conceder el "Tributo de las Cien Doncellas" -entrega anual a los moros de 100 jóvenes mujeres cristianas a cambio de la paz-, a Abderramán III por lo que se renovó la contienda siendo el rey Ramiro derrotado en un primer momento y teniéndose que refugiarse en Clavijo; allí se le apareció Santiago advirtiéndole que él mismo estaría en el campo de batalla, en un caballo blanco, con una espada en ristre y vestido con una túnica blanca, luchando a favor de los cristianos. Al día siguiente apareció Santiago decapitando a más de setenta mil moros y convirtiéndose desde entonces en Santiago Matamoros.
Como agradecimiento de la ayuda prestada en la batalla de Clavijo el rey Ramiro I instauró en el año 844 el "Voto de Santiago" por el que se concedió a la iglesia de Santiago de Compostela un impuesto procedente de todas las regiones españolas que comprendía tanto cosechas como botines de guerra y el compromiso de peregrinar a Compostela llevando ofrendas. La peregrinación se difundió rápidamente y miles de peregrinos comenzaron el camino, bien por devoción bien por penitencia, convirtiéndose el trayecto en una senda de intercambio cultural, económico e ideológico. En 1812 las Cortes de Cádiz abolieron el "Voto de Santiago" y a finales del pasado siglo la iconografía de Santiago matamoros -en Sasamón más parece "mata romanos"-, fue considerada políticamente incorrecta y marginada; la batalla de Clavijo, estimada durante siglos como el enfrentamiento más famoso de la reconquista, nunca se produjo, y es juzgada en la actualidad como una batalla legendaria incluida en las crónicas medievales por el poderoso arzobispo de Toledo don Rodrigo Jiménez de Rada.
Los cuatro relieves que, junto a la imagen de Santiago, constituyen el cuerpo del retablo presentan imágenes de la vida del Apóstol. El primero, situado en la caja superior de la calle del lado del Evangelio, muestra al apóstol cuando es decapitado en Jerusalén el año 44 por orden de Herodes Agripa I; si bien "Los Hechos de los Apóstoles" nada dicen de las circunstancias de su muerte si figura en las fuentes clásicas como en la "Historia eclesiástica" de Eusebio de Caesarea (ca. 275-339). Santiago, hijo de Salomé y Zebedeo, hermano mayor del evangelista san Juan, nacido en Betsaida (Galilea), aparece situado en España cuando tras el reparto para la predicación entre los apóstoles, el año 33, del mundo conocido se le atribuye Hispania. Desde Palestina se dirigirá a la costa andaluza llegando a Iría (el apelativo de Flavia lo adquirió más tarde con Vespasiano), en Galicia, donde comenzará una fracasada predicación. La escasa fama que obtuvo se limitó a nueve discípulos -dos de los cuales se quedarán con tareas de predicación en Hispania-, marchándose con los otros siete con destino a Judea. No obstante la mayoría de los trabajos modernos sobre la evangelización de Santiago en España cuestionan el hecho.
En la caja inferior del retablo, calle del Evangelio, se presenta el trasvase del cuerpo a la nave que le trasladará desde Palestina a las costas gallegas. Serán dos de sus discípulos, Atanasio y Teodosio -según el "Codex calixtinux"-, los que embarcarán los restos de su maestro en Jaffa (Jerusalén) y, en siete días, arrastrados por las olas y guiados por un ángel, volverán de nuevo con él a Iria Flavia (Galicia)
El relieve de la caja inferior de la calle del lado de la Epístola del retablo muestra la conducción del cuerpo en una carreta desde Iría Flavia a Compostela. Ya en tierra firme, Atanasio y Teodosio, solicitarán la ayuda de una dama pagana o de una reina llamada Lupa, dueña del trozo de tierra donde será enterrado Santiago. De forma perversa Lupa les regala unos bueyes indómitos que imagina nunca serán uncidos; la llegada de las bestias con el cuerpo del apóstol hasta la tierra señalada para el enterramiento provocará la conversión de Lupa y la donación de su palacio para erigir la iglesia. En el relieve, en una ventana de lo que quiere representar un castillo o un palacio, dos damas acompañando a la reina Lupa se asoman al paso del cadáver.
La caja superior de la calle del lado de la Epístola del retablo muestran el depósito de los restos de Santiago en el sepulcro o primera capilla de Compostela. Las escenas de la vida del Apóstol que ilustra el retablo terminan aquí.Para Beatrice Gilman Proske "las cabezas de los hombres con sus pequeños detalles, los pómulos prominentes, y las cejas rugosas bajo los blandos ovillos o bucles de pelo son similares a los del retablo de la Adoración de los Reyes Magos en la iglesia de San Gil en Burgos".
En la Iglesia de Santa María la Real de Sasamón hay un retablo plateresco dedicado a Santiago, con la escena central mostrándole como mata moros y las otras tomadas de su leyenda [Proske]. Sobre un fondo blanco destacan con gran efecto todas sus labores doradas [Sentenach]; todo muy del gusto popular con tendencia a lo anecdótico [Ibáñez]. Esto es lo que han escrito de él nuestros contemporáneos; pero para unos fieles en los que la mayoría no sabía leer y gustaban de escuchar las fabulosas vidas de santos que conocemos por el nombre de "La leyenda dorada" que conectaba con el alma popular mediante la fusión de historia y leyenda, de espiritualidad y materialidad, escrita deleitándose por el detalle visible y palpable, el retablo de Santiago no era sino un fragmento de la historia sagrada tal como se la concebía entonces.

BIBLIOGRAFÍA.
-Alberto C. Ibañez, "Escultura del siglo XVI en Burgos", en "El arte del renacimiento en el territorio burgalés", Burgos 2008.
-José Mª Parrado del Olmo, "Talleres escultóricos del siglo XVI en Castilla y León"; Valladolid 2002.
-Beatrice Gilman Proske, "Castilian Sculpture. Gothic to Renaissance", New York 1951.
-Juan Ruiz Carcedo, "Sasamón", Burgos 1997.
- Isaac Rilova Pérez y Jesús Simón Rey, "Sasamón: historia y guía artística", Burgos 2005.
-Louis Réau, "Iconografía de los santos (A-F)", Barcelona 1997
-Isabel del Río de la Hoz, "El escultor Felipe Bigarny (h. 1470-1542)", Salamanca 2001.
-Narciso Sentenach, "Catálogo Monumental y Artístico de la Provincia de Burgos", t.5, diciembre 1924.
-Santiago de la Vorágine, "La leyenda dorada", t.1, Madrid 2008.

NOTAS.

-La historia de Santiago el Mayor contada en "La Leyenda dorada" iguala a las novelas de aventuras más ingeniosas (y Santiago de la Vorágine no trata del episodio como "matamoros" que es puramente español). No es de extrañar que su relato encantase a un pueblo infantil. Incluso en la Edad Media, la Iglesia tenía como sospechosos algunos milagros de la "Leyenda dorada", pero el pueblo los aceptaba todos; desde el concilio de Trento se mostró severa con estos relatos pues no quería que la vida de los santos se convirtiera en motivo de escándalo para los espíritus formados en la crítica de los protestantes.

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