jueves, 2 de octubre de 2014

SILLERÍAS DE CORO (XI)

De la Sillería de coro de Santa Mª del Campo (Burgos).
I.Fustes.


La iglesia de la Asunción de Santa María del Campo fue desde finales del  siglo XV y hasta el siglo XIX, cuando la Desamortización, una parroquia capitular, es decir, tenía un cabildo parroquial. La liturgia medieval consideraba la oración en común de los miembros que le componían como uno de sus sostenes pues las normas canónicas que guiaban su vida así lo determinaban. Pronto sintieron la necesidad de disponer de un espacio específicamente reservado para sus propios rezos. Hasta el año 1757 el coro estuvo situado encima del cancel de la puerta principal sobre cuatro arcos y al que después de terminada la torre se accedía por la escalera de esta; para evitar la fatigosa subida y disminuir el efecto del frío los Beneficiados decidieron asentarle ese año en uno de los tramos de la nave central de la iglesia, lugar que ahora ocupa.
Si bien la sillería coral está compuesta, desde el traslado, por 23 estalos fue creada con algunos más cuyos restos se aprovecharon para realizar una cajonería que aún se conserva y otros propósitos. Hay que tener en cuenta que una Bula en pergamino, fechada el dos de junio de 1465, -y que se supone próxima al momento en el que se realizó la sillería-, fijaba el número de Beneficiados de la parroquia en doce Presbíteros, cuatro Diáconos y ocho acólitos. No se conoce quien o quienes fueron los autores de este coro; su estilo denominado a veces como gótico mudéjar lleva a pensar en ebanistas o carpinteros moriscos o mozárabes aunque personalmente sospecho más de carpinteros cristianos de la zona.
Una de las características de la sillería de Santa María del Campo es la estructura del asiento, con un dosel apoyado en columnas con pináculos que arrancan de los brazales que les delimitan. El origen de su tipología, para algunos, podría estar en la organización de la sillería del coro pétreo que el maestro Mateo realizó en la catedral de Santiago; para otros obedece a la fascinación que sobre los artesanos de la época ejercían las arquerías de los claustros góticos y que les llevaba a su imitación.
Su crestería -si olvidamos los gabletes-, recuerda a la del cenotafio de San Juan de Ortega por sus pináculos, por sus colgadizos o grumos y cardinas repartidos por todos los espacios y por sus arcos conopiales.
Los conopios, siempre de igual trazado, constituyen el esquema de la composición y al repetirse dotan a la sillería de gran unidad aún a pesar de la gran variedad en los diseños de los tableros que conforman los respaldos de las sillas.
Característico de la sillería de Santa María del Campo y lo que la separa bastante del mobiliario similar de la época son las tallas que adornan la mitad superior de las columnillas que soportan los doseles. La ornamentación de algunas de ellas -racimos o piñas estilizadas o tallos de vid en espiral-, anuncian un tipo de decoración que se extenderá con una cierta amplitud en años posteriores.
En opinión de Serrano Fatigati en la segunda mitad del siglo XV tuvo lugar un cambio radical en la ornamentación de las sillerías de coro españolas: las filigranas de rosetas o los primores en el enlace de curvas elegantes que caracterizaban hasta entonces la decoración -en particular en los tableros de los respaldos- comienzan a ser sustituidos por tallas con cuerpos humanos, animales y monstruos. "El paso... no se verifica de repente y con violencia. En los vanos de los arcos y en combinaciones geométricas aparecen tímidamente dibujados al principio los relieves de seres...".
El lugar elegido en Santa María del Campo para la aparición de seres humanos o monstruosos a que hace referencia Serrano Fatigati son sobre todo los fustes de las columnillas (los estalos carecen de misericordias). Algunos de ellos parecen haber sido elegidos para provocar un cierto temor o simbolizar la fealdad, pues no debe olvidarse, como señalaba Huizinga, que "toda la vida estaba saturada por la religión" y que la fealdad o el horror se relacionaba con el vicio o el pecado.

Otro de estos seres presenta las clásicas cabelleras flamígeras propias de los seres diabólicos. Este tipo de cabellos erizados eran peculiaridades con las que se dotaban a los diablos, a los pecadores o a los ídolos, pues las formas que adquieren hacían pensar a los fieles en las llamas del infierno.
Existe uno sin embargo, que por su peculiaridad, parece ser un retrato tomado del natural sin que me atreva a señalar a quien podrían representar; es el caso de un personaje barbado que aparece con su cabeza cubierta con un tocado característico.
Aunque no sería hasta el final del período gótico cuando en España aparecen en abundancia en las sillerías de coro las escenas profanas, en particular en las misericordias, con carácter crítico, y en general moralizador, una de las tallas de los fustes de Santa María parece hacer alusión a la monarquía con un cierto sentido de censura o reproche, al dotar a la imagen de una piel de lagarto y una fisonomía aguileña. Escribía Huizinga al hablar del mundo medieval: "Toda la vida estaba saturada por la religión hasta tal punto, que el pueblo estaba en peligro constante de no percibir la diferencia entre las cosas espirituales y las temporales".
Algo que llama la atención de las escenas representadas en los fustes de las columnillas de la sillería de coro de Santa María del Campo es que más de la tercena parte corresponden a hombres o máscaras que vomitan tallos por sus bocas. Utilizado como elemento arquitectónico decorativo se encuentra con cierta frecuencia en las iglesias góticas y románicas; existen tres tipos principales de este motivo: la cabeza completamente recubierta de hojas, la cabeza "regurgitante"  de la que ramas u hojas salen de su boca -modalidad seleccionada en Santa María del Campo-, y la cabeza de la que emanan el follaje por todos los orificios de la cara (boca, orejas, nariz, o canales lacrimales). Desde que Lady Raglan publicara en 1939 en la revista Folklore" el artículo "The Green Man in Church Architecture" -y a pesar de ser su teoría muy discutida y probáblemente errónea-, este motivo, conocido hasta entonces como "cabezas foliadas", empezó a denominarse el "Hombre Verde" (Green Man).
La interpretación más habitual del "hombre verde" es la de un espíritu de índole pagano, símbolo de la confianza del ser humano en la unión con la naturaleza y alegoría de la fuerza vital subyacente fiel a los nuevos ciclos de renovación de cada primavera tras la muerte encarnada por el invierno. Para algunos historiadores parece probable que sean una evolución a partir de deidades de la naturaleza más antiguas tales como el celta 
Cemunnos, los griegos Pan o Dionisos o el romano Silvanus.
Dado que muchas de las imágenes del "hombre verde" que han llegado hasta nosotros, sea en piedra o en madera, figuran en iglesias, monasterios o catedrales algunas personas ven esto como una evidencia de la vitalidad de las tradiciones precristianas para sobrevivir dentro de la corriente cristiana dominante; estas tradiciones paganas así como las supersticiones relacionadas con la naturaleza y los árboles tuvieron una influencia significativa en la época medieval. Bastantes de las ramas representadas en Santa María del Campo corresponden a árboles conocidos en la zona; tal es el caso p.e. de algunos robles con sus bellotas símbolo habitual entonces de la fertilidad.
La cabeza en la que las ramas o la vegetación salen de su boca se ha visto, a veces, como un recordatorio de la muerte que espera a todos los hombres, así como una representación pagana del renacimiento y resurrección e incluso como un arquetipo fundamental para nuestra relación con la naturaleza ya que su imagen se conoce en lugares muy dispares y sin casi relación.
Las interpretaciones "cristianizadas" han sido también muy dispares. Una cara que vomita ramas es por definición un ser que genera vida y por tanto originalmente correspondió a un dios forzosamente precristiano, habiéndose llegado a sugerir que el follaje que sale por la boca representa el soplo vivificante del Espíritu Santo. También son asimiladas con monstruos infernales con funciones de exhortación pedagógica, aunque quizás una de las más atractivas para el caso de la sillería de coro de Santa María del Campo es aquella interpretación que señala que los tallos que salen de las bocas de cabezas o máscaras simbolizan la palabra, la oratoria o en este caso el canto.
Muy interesante es la hipótesis que plantea Alfredo Erias para el que la polivalencia funcional de esta imagen es tal que tan sólo se puede interpretar correctamente según el contexto en que aparece. Así, el "hombre verde" podría detentar dos facetas: como dios regenerador de vida o como demonio destructor que formalmente comería plantas, es decir una imagen de la muerte.
A pesar de todas estas posibles interpretaciones es muy probable que el "hombre verde" o la cabeza medieval que vomita ramas por su boca  tan sólo fuera un elemento ornamental como los motivos de muchos de los canecillos que decoran las iglesias románicas. Y también es muy posible que este tipo de imágenes no atesoraran ningún simbolismo para muchos de los tallistas que las realizaron, y representaran poco mas que una pequeña diversión en la que ellos eran meros seguidores de respetados tallistas anteriores y de sus tradiciones.
En aquellos casos, frecuente en capiteles o canecillos románicos, en los que la figura corresponde a un animal las lecturas en términos simbólicos de las "cabezas foliadas" se complican. Dado que suelen presentar aspectos de fiereza la explicación a que suele recurrirse es a verlos como imágenes de las fuerzas del mal y en general del demonio.
El "Breviari d'Amor" de Matfre Ermengaud de Béziers terminado a finales del siglo XIII es un compendio de todas las doctrinas y verdades de la Iglesia -presentado bajo apariencia enciclopédica-, opuesto a la ideología de los herejes cátaros y del judaísmo. De los catorce manuscritos con miniaturas que se conservan el que se guarda en la Biblioteca Nacional de España, MS, RES 203 -copiado probablemente en Gerona a finales del siglo XIV-, es uno de los más interesantes; sus ilustraciones, según Yarza, corresponden al "gótico lineal avanzado". En el manuscrito la representación de "la rueda de las estaciones", fol. 43r, aparece enmarcada en un cuadrado en cuyas esquinas figuran dos animales y dos máscaras que arrojan tallos -pámpanos en un caso y hojas de cardo en el otro-, por sus bocas. La composición adjunta muestra a los dos animales para fines de comparación con las tallas de los fustes de Sta. Mª del Campo; no sería de extrañar que o bien algún ejemplar del "Breviari d'Amor" fuese conocido por taller que realizó la sillería de coro o en su libro de modelos figurase algún dibujo similar.
Más sencillo es atribuir una función ornamental a un motivo que representa un jarrón del que salen unas ramas y que con muy pocas variantes figura en cuatro fustes de la sillería.
Una combinación de ramas, hojas y racimos, que para Serrano Fatigati parece anunciar la llegada de nuevas formas artísticas, carecen también de sentido simbólico alguno atañendo su presencia a una simple función decorativa.
BIBLIOGRAFÍA.
-Primitivo Arroyo Gonzalo, "Santa María del Campo (Burgos). Notas históricas y descriptivas de la Iglesia y del Municipio", Alcalá de Henares 1954.
-Alfredo Erias Martínez, "El hombre que vomita ramas y algunas figuras de resucitados de la Galicia Medieval", Anuario Brigantino 2009.
-Isabel Mateo Gómez, "Temas profanos en la escultura gótica española. Las sillerías de coro", Madrid 1979.
- Enrique Serrano Fatigati, ""Tallas españolas. (I). Los primores del ebanista y el genio del escultor", en La Ilustración Española y Americana, nº. II, 15-enero-1904.

NOTAS.
-Se denomina "gablete" al remate formado por dos líneas rectas formando ángulo agudo que se ponía en los edificios de estilo ojival. 
- El manuscrito RES 203 del "Breviari d'Amor" conservado en la Biblioteca Nacional de España puede verse por internet en la Biblioteca digital Hispánica; muy recomendable su visita.


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