martes, 11 de noviembre de 2014

ESCULTURA FUNERARIA (VII)

Sepulcro de doña Beatriz de Portugal reina de Castilla.
Convento del "Sancti Spiritus" (Toro, Zamora).
II. El arca.


A mediados del siglo XIII la legislación dominica y las Constituciones de las monjas dispusieron que en el interior de los templos debía existir una separación física entre los fieles y los religiosos. En el convento de Sancti Spiritus existe un coro situado a los pies del templo separado de la nave de la iglesia por un muro con dos vanos cerrados por rejas de forja en su parte baja y entre ellos un pequeño retablo con dos nichos en el centro. En mitad del coro están en fila tres sepulcros importantes en la historia del convento. El más cercano a la sillería del coro es el de la fundadora doña Teresa Gil, una tumba lisa de piedra mollar; en el centro, en el suelo en un rectángulo de azulejos, el sepulcro de la infanta Urraca (de Priora Leonor) de Castilla, y a pocos metros, y ya más cerca del altar, el mausoleo con la escultura yacente y lápida de doña Beatriz de Portugal.
El arca del sepulcro presenta en uno de sus lados la efigie funeraria de doña Beatriz ataviada con el hábito dominicano, muy probablemente tal como fue inhumada, pero tocada con la corona real. Su imagen ocupa la mayor parte de una de las paredes laterales del cuerpo del sepulcro, enmarcada por tres de sus lados, con una moldura adornada por abigarrada vegetación. La presencia de la doble efigie funeraria -como reina y como monja dominica-, alude a la evolución de su biografía; en el caso de esta última representación su apariencia presenta un cierto aspecto de laude o  lápida sepulcral. La repetición de la difunta en su doble condición, real y monacal, no fue muy habitual en España si bien anterior es el caso del enterramiento de Elisenda de Moncada (m. 1358) reina y fundadora del monasterio de Pedralbes.
Doña Beatriz nunca fue monja profesa aunque sí construyó junto al monasterio unas edificaciones donde tenía sus "quartos" con su huerta y su pozo llamado "Palacio de la Reina". Rafael de Floranes en el siglo XVIII recogió en sus "Memorias de Toro" algunas tradiciones relativas a su vida en el convento como que "acompañada de sus damas asistían todas con velo negro al coro"; se dice que se dedicaba a "ocupaciones manuales y alternaban estas con los ejercicios de piedad, muy semejantes a los que la regla imponía a las conventuales" según escribe Pérez Mesuro.
Tras la muerte de su marido Juan I de Castilla, algunos años de su vida los pasó en forma itinerante entre las posesiones que la pertenecían. Fueron sus últimos años los que pasó en el convento de Sancti Spiritus; cerca de su muerte, en 1418, escribió al Papa Martín V pidiendo para ella y para sus familiares domésticos libertad para recibir sepultura sin que influyesen posibles entredichos, así como que su capellán pudiera celebrar misas y rezar el oficio divino en cualquier lugar donde la reina tuviese su casa, "incluso si está en el interior de una clausura", y solicitaba que pudiese recibir la absolución "in articulo mortis" y licencia para elegir confesor, según cuenta Cesar Olivera siguiendo la traducción de la súplica que envió Beatriz a Martin V.
A los pies de doña Beatriz, en una hornacina junto a un pequeño pináculo, figura una imagen de Santo Domingo de Guzmán. Nacido en el pueblecito de Caleruega (Burgos), falleció en 1221 y fue canonizado en 1234; en 1216 había fundado la Orden de Frailes Predicadores. La iconografía más habitual le presenta vistiendo el hábito de la Orden con una vara de lirios en una de sus manos y en la otra un libro, que suele interpretarse como símbolo de la importancia que a lo largo de su vida el santo concedió al estudio o que para otros representa la Biblia; en el caso de Toro el escultor del sepulcro sustituyó el tallo de lirios por una rama de vid.
Cecilia Romana, que había conocido en persona a Domingo Guzmán, le describió de esta forma en su "Relación de los milagros obrados por Santo Domingo en Roma": "Domingo era así: mediana estatura, delgado de cuerpo,, rostro hermoso, un tanto bermejo, cabellos y barba suavemente rubios, ojos bellos. ... Siempre estaba con semblante alborozado y risueño, a no ser cuando se encontraba afectado por la compasión de alguna pena del prójimo. Tenía largas y elegantes manos...". En el sepulcro toresano a los pies del santo figura un pequeño barril evocador del milagro de la multiplicación del vino que según la tradición vivió su madre Juana de Aza quien distribuía a pobres y peregrinos un vino que su marido guardaba para las grandes ocasiones. Cuando se visita actualmente el monasterio de Caleruega se recorre la bodega, y la guía aún explica que según la leyenda al llegar un día a su casa Félix de Guzmán con unos invitados relevantes encargó a su mujer que bajase a por algo de ese vino especial que allí conservaba, y que cuando Juana descendió  temerosa a la bodega  comprobó que la barrica que acababa de vaciar para saciar la sed de los menesterosos volvía a estar llena del buen vino.
En las esquinas del mausoleo figuran cuatro pilastras con hornacinas en seis de las cuales se encuentran ángeles con filacterias en sus manos. En la hornacina situada junto a Santo Domingo de Guzmán, decorada con flores y motivos geométricos y bajo arquillos angrelados, se halla un arcángel -entre la multitud de ángeles eran los únicos no anónimos-,  identificado por las palabras "Arcangelus Gabriel" grabadas en la cinta que lleva entre sus manos.
En la hornacina del otro pilar de esta cara del cuerpo del sepulcro aparece también un ángel con traje talar pero con la filacteria que sostiene sin esculpir. Para Louis Réau puesto que los ángeles "irradian luz divina y que su pureza es inmaculada, el arte cristiano primitivo los representa vestidos con una larga túnica blanca... El arte bizantino, ..., se complace en revestir a los ángeles de ropas fastuosas que eran de rigor en las ceremonias de corte imperial. ... pero a partir del siglo XIII, por la influencia del drama litúrgico o auto sacramental, en el cual el papel de los ángeles era representado por diáconos, se extendió la costumbre de conferirles vestiduras sacerdotales que reemplazaron el traje de corte bizantina".
El lateral del sarcófago situado a la derecha del yacente está estructurado en dos grupos de tres arquillos angrelados que cobijan seis imágenes de dominicos que podrían representar a seis santos de la Orden de Predicadores; una mujer y cinco hombres con el hábito de la orden y sin aureola. La presencia de los santos en los sepulcros es frecuente al final de la Edad Media; lo hacen a título de patronos y protectores de las almas. Los difuntos buscaron el amparo de los Santos,recoge Mª Jesús Gómez Bárcenas, porque "les creían más dispuestos a aceptar sus súplicas puesto que en la tierra habían conocido las miserias de la condición humana".
Todas las figuras, menos el personaje femenino, llevan filacterias que han perdido su inscripción, lo que aporta una cierta subjetividad a su identidad. Visten hábito blanco y capa de color negro habiendo conservado la mayor parte de las imágenes gran parte de su policromía. Los personajes masculinos aparecen en posición frontal, o tres cuartos, sin presentar comunicación entre ellos. Desde que Margarita Ruiz Maldonado escribió en 1993 sobre el sepulcro todos los que lo han hecho al respecto han repetido sus identificaciones.
La monja dominica, descalza, presenta las manos en oración -ha perdido alguno de sus dedos-, orientada hacia un pequeño crucifijo. Lleva al cuello el tradicional rosario de quince misterios. Es quizás el personaje de más fácil identificación y se considera representa a Catalina Benincasa más conocida como Santa Catalina de Siena (ca. 1347-1380). Junto a una gran labor social desempeñó un destacado papel en el regreso del Papa a Roma desde Aviñón.
Estimada como una de las grandes místicas del siglo XIV, es una santa muy popular en la Orden y se considera destacó como predicadora. Si bien Ruiz Maldonado indica que la policromía en la escultura del sepulcro señala las llagas, no he sido capaz de su reconocimiento por lo que prefiero imaginar lo que observa Giorgio Papasogli en su libro "Catalina de Siena, Reformadora de la Iglesia" en el sentido de suponer que eran de los denominados "estigmas invisibles" de forma que sentía el dolor pero las llagas no eran visibles externamente.
El reconocimiento de la identidad de los dos frailes que aparecen en el grupo de tres arquillos en que figura Santa Catalina es prácticamente imposible al no acompañarles  atributos que les describan. Ruiz Maldonado sugiere que podrían ser San Vicente Ferrer (1350-1419) -si bien fue canonizado en 1455, es decir, en fecha probablemente posterior a la de la realización del sepulcro-, y San Alberto Magno (1207-1280).
La personificación de San Alberto Magno puede ser quizás menos discutible pues la orden dominica destacó en el campo de la doctrina al amparo de su figura o de la de Santo Tomás de Aquino. Un atributo del fundador dominico, Santo Domingo de Guzmán, y en general, de la Orden es el libro, pues su hagiografía cuenta que en una noche de vigilia se le aparecieron San Mateo, llevando su Evangelio, y San Pablo con sus "Cartas" y le dijeron: "Ve y predica, porque has sido llamado para este ministerio". En las dos esculturas de estos frailes anónimos llama la atención sus manos de muy largos dedos, sus rostros redondos y pingües y espaciosa tonsura.
En el otro grupo de tres arquillos angrelados dos de las figuras presentan menos dificultades de interpretación al exteriorizar algunos atributos significativos. Una de ellas muestra un cierto movimiento, con el ropaje también ondulante.
Santo Tomás de Aquino (1224-1274) porta entre sus manos la maqueta de una iglesia. Se le acostumbra a representar vestido de dominico, obeso, con tonsura y con un sol en el pecho (símbolo del aprendizaje sagrado). El atributo de la iglesia en la mano, que según indica algún hagiógrafo parece ofrecer con su mirada a Dios, no es muy frecuente en el santo en la época en que se realiza el sepulcro de doña Beatriz; no obstante como autor que fue de la "Summa theologiae" -compendio de la doctrina cristiana-, y de la "Summa contra gentiles" -apología filosófica de la fe católica-, puede entenderse este simbolismo.
La escultura del fraile dominico situado a la derecha de Santo Tomás se considera representa a San Pedro mártir de Verona canonizado en 1253. Segundo santo de la Orden, tras la canonización de Santo Domingo de Guzmán, destacó como predicador e inquisidor. Fue asesinado en un bosque por Carino de Bálsamo quien le asestó varios golpes en la cabeza con un alfanje y terminó clavándole un puñal. En recuerdo de este hecho se suele representar al santo con una herida en el cráneo y un puñal clavado en el pecho como es el caso de la talla situada en el sepulcro.
Para Ruiz Maldonado la primera imagen de santo dominico que aparece en el sarcófago corresponde a San Raimundo de Peñafort (ca. 1180-1275), monje catalán encargado de introducir la Inquisición en el Reino de Aragón y compilador de los Decretales de Gregorio IX (cuerpo de Derecho canónico). Es la escultura de los frailes dominicos del sepulcro que presenta más movimiento; descalzo, lleva en una de sus manos un libro y en el otro el cilicio o disciplinas. Habitualmente se le presenta con una llave de oro en la mano que alude a su cargo de penitenciario en Roma o con el libro de los "Decretales".
El lateral del cuerpo del sarcófago que acoge las imágenes de los santos dominicos se termina con dos de las pilastras con hornacinas que enriquecen el cuerpo del sepulcro. En este único caso no cobijan a ángeles con filacterias sino a esculturas de San Pedro y San Pablo.
En la iconografía gótica funeraria la representación de los Apóstoles es quizás de las de aparición más temprana, existiendo una preferencia por la inclusión de San Pedro y San Pablo especialmente. En el sepulcro de doña Beatriz de Portugal San Pablo viste amplia túnica y manto decorado con estrellas; lleva en su mano derecha, apoyada en el hombro, la espada que le identifica habitualmente como atributo al simbolizar su martirio.
San Pedro, con pelo y barba corta y rizada sostiene con una de sus manos un libro cerrado y con la otra las dos grandes llaves en recuerdo de las palabras del Evangelista Mateo [16: 13-19]: "Y Jesús, ..., dijo: ... Y yo te digo a tí que tú eres Pedro,. y sobre esta piedra edificaré yo mi iglesia, ... Yo te daré las llaves del reino de los cielos, ...". La escultura responde a su iconografía habitual.
Este lateral del sepulcro es quizás el que presenta la mayor calidad y originalidad del arca, pues lo habitual en el mundo funerario de la época en España son los temas del Antiguo y del Nuevo Testamento, aquí reservados para los paneles frontal y posterior. Este recurso a los Santos ya se refleja en La Antífona y Recomendación del alma que lee el sacerdote cuando agoniza el enfermo: "Santa María, ruega por él ..., todos los santos Apóstoles y Evangelistas, todos los santos, Patriarcas y Profetas ..., todos los santos Apóstoles y Evangelistas, todos los santos discípulos del Señor ..., todos los santos mártires ..., confesores ..., monjes y ermitaños, Santa María Magdalena, todas las santas ...".
En el panel del cuerpo del sarcófago situado a los pies del yacente se representa la Anunciación, escena frecuente en los sepulcros desde el siglo XIII al XVI. Su elección se justifica por ser el momento del inicio de la vida humana de Cristo y por tanto se considera el preludio de la Redención. La Virgen está leyendo sentada -viste a la moda del siglo XV-, cuando es visitada por el ángel Gabriel bendiciendo con una mano y con una filacteria en la otra. Destaca por su gran tamaño el jarrón de azucenas.
Entre los dos arquillos que cobijan las imágenes figura en mandorla el Padre Eterno con aureola y rodeado de rayos de luz bendiciendo a María. A su izquierda, en vuelo, la paloma que aún conserva parte de su policromía que fue dorada.
El frontal del sepulcro se completa con la imagen de dos ángeles, uno de ellos -el arcángel San Miguel-, alanceando al dragón y con la bola del mundo en su mano izquierda, y el otro podría querer representar al arcángel San Rafael.
La escena de la Crucifixión preside el lateral del cuerpo del sepulcro situado bajo la cabeza del yacente. En el centro, con corona de espinas, aureolado y con un amplio paño de pureza, Cristo figura clavado en la cruz que presenta los brotes de las ramas en el travesaño. A su derecha la Virgen aparece sostenida por San Juan mientras se desploma. Al otro lado de la cruz se representa a María Magdalena seguida por un personaje que se coge las manos. En general es una talla más bien torpe.
Se desconoce el autor o autores del sepulcro, la fecha de su realización y si fue doña Beatriz quien encargó el sepulcro o fue otra la persona que mandó construirlo. Para Manuel Gómez-Moreno su autor fue "de seguro... el mismo artífice que labró el del arzobispo Anaya y tantos otros en Salamanca", Ruiz Maldonado opina que estaríamos ante dos escultores distintos si bien con algunas semejanzas estilísticas, y Joaquín Yarza vincula al anónimo autor con los ámbitos catalán y de Aviñón. Para José Mª Azcárate el sepulcro se caracteriza por "la suavidad en la técnica que evoca el arte italiano y las formas más ampulosas y sinuosas del arte borgoñón de principios del siglo XV".
BIBLIOGRAFÍA.
-José Mª Azcárate, "Arte Gótico en España", Madrid 2007.

-Mª. Jesús Gómez Bárcena, "Escultura gótica funeraria en Burgos", Burgos 1988.
-Manuel Gómez-Moreno, "Catálogo Monumental de España. Provincia de Zamora (1903-1905)", Madrid 1927.
-Émile Mâle, "L'Art religieux de la fin du Moyen Age en France. Étude sur l'iconographie du Moyen Age et sur ses sources d'inspiration", Paris 1922.
-Cesar Olivera Serrano, "Beatriz de Portugal. La pugna dinástica Avis-Trastámara", Santiago de Compostela 2005.
-Giorgio Papasogli, "Catalina de Siena, reformadora de la Iglesia", BAC, Madrid 1980.
-Sor Mª Dolores Pérez Mesuro, "Monasterio de Sancti Spiritus el Real MM. Dominicas", Valladolid 1994.
-Mercedes Pérez Vidal, "Sancti Spiritus de Toro: Arquitectura y patronazgo femenino", en "LIÑO. Revista anual de Historia del Arte", Oviedo 2008.
-Louis Réau, "Iconografía del arte cristiano. Iconografía de la Biblia", t.I, Barcelona 2007.
-Cecilia Romana, Relación de los milagros obrados por Santo Domingo en Roma", B.A.C., Madrid 1987.
-Margarita Ruiz Maldonado, "El sepulcro de doña Margarita de Portugal en Sancti Spiritus (Toro)", en revista de arte Goya Madrid 1993.
-Pablo Yagüe Hoyal, "Restauración del sepulcro de doña Beatriz de Portugal. Convento de Sancti Spiritus (Toro)", en "Restauración y Rehabilitación: Revista Internacional del Patrimonio histórico", Madrid 1977.

NOTAS.

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