jueves, 17 de enero de 2013

RETABLOS (IX)


Retablo del Árbol de Jesé (Capilla de la Concepción, Catedral de Burgos).
SEGUNDA PARTE.



El Árbol de Jesé, tradicionalmente calificado como representación de la genealogía de Cristo, se basa en la profecía de Isaías, "Y brotará una vara del tronco de Jesé, y retoñará de sus raíces un vástago. Sobre el que reposará el espíritu de Yavé" [Is. XI, 1-2], interpretada desde San Jerónimo -Eusebio Hierónimo de Estridón, traductor de la Biblia del hebreo y del griego al latín en edición conocida como "Vulgata"-, como el anuncio en el Antiguo Testamento del nacimiento de Cristo de la Virgen.
En la parte baja del árbol, en el retablo que preside la capilla funeraria de don Luis de Acuña de la catedral de Burgos, hay una magnífica escultura de grandes dimensiones: Jesé recostado. Descansa como si estuviera dormido, con las piernas cruzadas, la cabeza apoyada en una mano.
Es un hombre de edad avanzada con el pelo oscuro cubierto por una toca larga y estrecha enrollada a la cabeza -usada por los árabes y después también por los cristianos-, y conocida como alfareme o alhareme. De parte de su estómago surgen unas raíces menudas que terminan por convertirse en un grueso tronco: es el conocido como árbol de Jesé.
Desde Tertuliano se empezó a interpretar que Jesé era el padre de David -aunque según el Libro de los Reyes I, el nombre del padre era Isaí-, y que en los versículos de Isaías se hacía referencia a Jesús y María. Según el evangelista Mateo [I, 5-7] "Obed engendró a Jesé, Jesé engendró al rey David, David a Salomón en la mujer de Urías; Salomón engendró a Roboam, Roboam a ...". Es el inicio del árbol genealógico de Jesús y María.
Las primeras representaciones del Árbol de Jesé datan de finales del siglo XI cuando los Padres de la Iglesia y los teólogos de la Alta Edad Media glosaron el texto de Isaías; esta imagen se convertirá además, ya en el siglo XII, en la ilustración escogida para representar la genealogía de Cristo del inicio del evangelio de Mateo. Hasta prácticamente el siglo XIV en el "árbol" se presentaba habitualmente unas imágenes disociadas de la Virgen adulta y de Cristo y aquella aparecía representada bajo la imagen de Cristo adulto en actitud de bendecir. Es lo que puede observarse en muchos manuscritos -en particular en Biblias latinas-, como el conservado en la British Library bajo la signatura Egerton 2908 f.294  ( y que puede verse por internet en la magnífica web de la biblioteca londinense).
A principios del siglo XV, en la Europa continental, la figuración en el Árbol de Jesé de dos personajes independientes, Cristo y María, cambia a la de la pareja formada por la Virgen con el Niño; es el caso de los manuscritos conocidos como Biblias Historiadas (o "Bibles Historiales") . Esta mutación iconográfica pone en valor y acentúa la humanización y maternidad de la Virgen; e implícitamente  hace referencia a la Inmaculada Concepción.
En el retablo de la catedral de Burgos -el de la capilla funeraria de don Luis de Acuña-, la Madre y el Niño salen de una flor  ocupando el lugar de la "flos" de la profecía, "Egredietur virga de radice Jesse, et flos de radice ejus ascendet" ("Y brotará una vara del tronco de Jesé, y retoñará de sus raíces un vástago") [Is. XI, 1-2]. Este cambio iconográfico es uno de los indicios de la utilización del Árbol de Jesé como imagen de la Inmaculada Concepción, convirtiendo además a la representación en un árbol genealógico de la Virgen; es una imagen que representa el parentesco de Cristo y donde se combina una idea del parentesco carnal de María (sus orígenes humanos, la infancia de Cristo) y parentesco espiritual (la concepción de Cristo por intervención del Espíritu Santo). 
[Quizás convenga aquí una pequeño inciso:
La Inmaculada Concepción es la creencia según la cual la Virgen, cuando su concepción carnal por Joaquín y Ana, escapó a la mancha del Pecado original que toca a cualquier ser humano (fue declarado dogma oficial para la Iglesia católica en 1854 por Bula de Pio IX).
Debe diferenciarse del privilegio mariano de la virginidad según el cual María concibió a Cristo sin conocer a hombre y permaneciendo virgen (afirmado en el Nuevo Testamento, y considerado punto doctrinal en el Concilio de Éfeso en 431: la Virgen es declarada "Theotokos").]
Era, además, natural que un retablo dedicado a la Concepción de María y que se apoyaba en el Árbol de Jesé, debía culminar en una imagen de la Virgen con el Niño. Aunque lo habitual en los manuscritos iluminados era que estuviese de pie, llevase o no al Niño, en el retablo de la capilla funeraria de don Luis de Acuña, aparece sentada en un trono adornado en su respaldo con dos ángeles músicos sujetando al Niño en sus brazos mientras le muestra un libro para que aprenda a leer. Este sujeta con una de sus manos una cruz que acaba de entregarle un ángel con los brazos estirados
Las imágenes de los reyes del Árbol de Jesé surgen de flores situadas en las ramas; son figuras de medio cuerpo vestidas con lujo y tocadas con gorros sobre los que se insertan las coronas. Era difícil para los escultores crear un árbol que se adaptase a la genealogía proporcionada por el evangelista Mateo donde eran más de doce las personas que lo constituían (y porque además la línea genealógica se refería a José, no a María); la solución fue bautizar con nombre a un número reducido o incluso, en algunos casos, mencionar tan sólo la palabra "rey". A David se le reconoce por el arpa que sostiene entre sus manos y por la proximidad a la raíz.
"Isaí tomó un asno, lo cargó con diez panes, un odre de vino y un cabrito, y se lo mandó a Saúl por David, su hijo. Llegado a casa de Saúl, David se presentó a él. Saúl le cogió cariño y le hizo escudero suyo. Saúl dijo a Isaí: "Que se quede, te ruego, conmigo David, a mi servicio, pues ha hallado gracia a mis ojos". Cuando el mal espíritu de Dios se apoderaba de Saúl, David cogía el arpa, la tocaba, y Saúl se calmaba y se ponía mejor, y el espíritu malo se alejaba de él" [Libro Samuel I, Saúl, (XVI, 20-23)].
"Era ya viejo el rey David, entrado en años, y por más que le cubrían con ropas, no podía entrar en calor. Dijerónle entonces sus servidores: "Que busquen para mi señor, el rey, una joven virgen que le cuide y le sirva; durmiendo en su seno, el rey, mi señor entrará en calor": buscaron por toda la tierra de Israel una joven hermosa, y hallaron a Abisag, sunamita, y la trajeron al rey. Era esta joven muy hermosa y cuidaba al rey y le servía, pero el rey no la conoció": así comienza el Libro I Reyes (Vulg. III Re) que cuenta la historia del reinado de Salomón, hijo de David y Betsabé. Salomón, último rey del Israel unificado (incluyendo el reino de Judá), no aparece individualizado en las imágenes de los reyes del retablo del Árbol de Jesé a no ser que corresponda a una figura que porta una filacteria donde puede leerse la terminación MON.
"El rey Salomón, además de la hija del Faraón, amó a muchas mujeres extranjeras, moabitas, ammonitas, edomitas, sidonias y jeteas, de las naciones de que había dicho Yavé a los hijos de Israel: "No entreis a ellas, ni entren ellas a vosotros, porque de seguro arrastrarán vuestros corazones tras sus dioses". A éstas, pues, se unió Salomón con amor. Tuvo setecientas mujeres de sangre real y trescientas concubinas, y las mujeres torcieron su corazón. Cuando envejeció Salomón, sus mujeres arrastraron su corazón hacia los dioses ajenos" [I REYES, 11, 1-5].
Sí figura claramente identificado en el Árbol de Jesé de la catedral de Burgos su hijo, Roboam, heredero en el reino de Judá -donde reinó del 930 a. C. al 913 a.C.-, con capital en Jerusalén, cuando la separación del de Israel (donde gobernaría Jeroboam). "Yavé dijo a Salomón: "Pues que así has obrado y has roto mi alianza y las leyes que yo te había prescrito, yo romperé de sobre ti tu reino y se lo entregaré a un siervo tuyo. No lo haré, sin embargo, en tus días, por amor de David, tu padre; lo arrancaré de las manos de tu hijo. Ni le arrancaré tampoco todo el reino, sino que dejaré a tu hijo una tribu, por amor de David, mi siervo, y por amor de Jerusalén, que yo he elegido" [I REYES, 11, 11-13]. El nombre de su madre fue Naamá, amonita. En adelante la dinastía de la Casa de David reinaría sólo en Judá.
También en la zona superior aparece representado Joachin -conocido a veces como Coniah o Jehoiachin-, penúltimo rey de Judá. Este reino sería destruido por los caldeos cuyo monarca Nabucodonosor II cegó y llevó cautivo a Babilonia al  último rey de Judá Sedecías. Amel-Marduk, que sucedió a Nabucodonosor, le liberó tras treinta y siete años de cautiverio en 562 a. C..
Uno de los reyes lleva en la filacteria un nombre que podría hacer referencia a Ozías, también llamado Uzías, que gobernó en Judá entre el 809 y el 759 a. C. ; fue hijo de Amasías y padre de Joatam. Su reinado fue muy próspero, ganando en la guerra a los filisteos. Murió de lepra aislado del cargo retirado en una casa alejada.
En varias de las filacterias de los monarcas  las inscripciones no forman un nombre concreto, y alguna incluso no lleva inscripción; de este modo se resuelve el problema. Lo importante para Siloe fue destacar la genealogía real de María.
Todos llevan gorros, más o menos a la moda, y sobre él una corona (una idea que emplearía también Pedro Berruguete en fechas algo posteriores).
Las figuras de los reyes en el retablo fueron realizadas, en general, por ayudantes del taller de Siloé; su calidad, si bien se distinguen los tipos siloescos al decir de Yarza, no es muy alta. Uno de ellos, caracterizado por la realización de figuras de manos con dedos muy finos y largos, fue quizás el autor, o trabajó allí al menos, del sepulcro del doctor Juan de Grado en la catedral de Zamora.
El árbol de Jesé, en el retablo de la catedral de Burgos, se abre para dejar en medio un hueco donde se representa a Joaquín y Ana. Ana figura como una mujer de mediana edad con una toca blanca sobre la cabeza que solían utilizar las mujeres viudas o de edad avanzada; calza chapines, con suela gruesa que elevaba la estatura de las mujeres, y viste túnica, saya y manto. Joaquín es también persona de mediana edad con barba y pelo oscuros; se cubre con túnica y manto y la cabeza con un sombrero adornado por una joya en su frontal.
Ana y Joaquín, después de la separación motivada por el desprecio que el sacerdote del Templo le hizo cuando presentó sus ofrendas, se reencuentran de nuevo. Ya conocen la promesa de Dios de que tendrán descendencia y de que será una persona excepcional. En palabras de Joaquín Yarza "se llegó a creer que es el momento clave en el que se cumplen las promesas de sucesión y, por tanto, aquel en que hay que proponer que la Virgen se gestó sin pecado". Siloe, o la persona que sugirió la idea [ quizás convenga recordar que en carta del 12 de diciembre de 1484 escribía don Luis de Acuña: "... cuanto placer e consolaçion con ella reçebimos, así por se çelebrar esta fiesta de la conçebcion de nuestra Señora, en quien tenemos singular devoçion, ..."], trató de elegir un momento que tradujese la idea de la concepción de la Virgen, y esa imagen fue la conocida como el "Encuentro ante la Puerta dorada".
En la parte superior del árbol, junto a la Virgen con el Niño, figuran dos magníficas esculturas que representan a la Iglesia y a la Sinagoga. En la Edad Media era costumbre encarnar en figuras humanas conceptos abstractos: la Iglesia y la Sinagoga están entre ellas. Eclessia (fe cristiana) y Synagoga (fe mosaica) son dos imágenes simbólicas -frecuentes en manuscritos iluminados, marfiles, o en esculturas en fachadas de algunas iglesias-, concebidas con el único propósito de ser contrastadas, comunicando la tesis escolástica que establecía el triunfo teológico del cristianismo sobre el Judaísmo. En época anterior la interpretación fue que era el Nuevo Testamento el que desvelaba al Antiguo.
La Iglesia, coronada, sujeta un cáliz y el estandarte de la cristiandad en cuya parte superior figura una cruz; su actitud corporal expresa triunfo. Lleva sobre la cabeza una alta corona realizada del mismo bloque de madera de toda la imagen. En el medievo personificaba la fe cristiana como la única verdad posible. Su aparición como representación escultórica fue varios siglos anterior a la de la Sinagoga; una serie de pasajes bíblicos  describían a Cristo como un "novio" o a la Iglesia como la "esposa de Cristo". Iconográficamente aparece figurando al lado de la Cruz en actitud de recoger en un cáliz la sangre que manaba de Cristo crucificado.
La Sinagoga, los ojos vendados (símbolo de ceguera o difícil visión, "su entendimiento se ha oscurecido"), debería llevar su corona caída en el suelo (caso p.e. de la escultura de la fachada de Notre Dame de Paris), o ladeada, tambaleándose, pero, ¡cosa de los restauradores!, aparece coronada. Casi cayéndose de su mano, sujeta las Tablas de la Ley invertidas, y sostiene una lanza quebrada (en las esculturas románicas era el estandarte del Judaísmo) posiblemente en una alusión a la "lanza Sagrada" que hirió a Cristo. Su imagen debería sugerirnos su derrota, entendida a partir de la teología eclesiástica medieval, o el ideal de un judaísmo débil y dócil. En el retablo de la catedral de Burgos llama la atención la representación de la Sinagoga ,como la de una mujer joven de cuerpo estilizado y agradables facciones; quizás fuese debido a que en Burgos algunos conversos habían ocupado puestos importantes como fue el caso del gran rabino Pablo de Santamaría que llegó a ser obispo de la ciudad.

BIBLIOGRAFIA.

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-Clementina Julia Ara Gil, "Los retablos de talla góticos en el territorio burgalés", Burgos 2006.
-Mª Jesús Gómez Bárcena, "¿San Eustaquio o San Huberto?. Un santo cazador en el retablo del Arbol de Jesé en la capilla del obispo Acuña de la catedral de Burgos", Madrid 1994.
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-Severine Lepape, "L'Arbre de Jessé: une image de l'Immaculée Conception?.", L'Atelier du CRH, 2012
-Teófilo López Mata, "La Catedral de Burgos", Burgos 1950.
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-Joaquín Yarza Luaces, "Gil de Siloe", Madrid 1991.
-Joaquín Yarza Luaces, "Gil Siloe. El Retablo de la Concepción en la capilla del obispo Acuña", Burgos 2000.
-Joaquín Yarza Luaces, "Los Reyes Católicos. Paisaje artístico de una monarquía", Madrid 1993.

NOTAS
- En la British Library existen digitalizados una serie magnífica de manuscritos iluminados. Pueden verse por internet con búsquedas sencillas; así para ver una gran colección de manuscritos con miniaturas del Árbol de Jesé es suficiente con buscar en la página de la web de la British Librery los manuscritos correspondientes a "Tree Jesse".

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