domingo, 4 de enero de 2015

ESCULTURA FUNERARIA (VIII)

Sepulcro de don Diego de Anaya (Catedral vieja de Salamanca).
I. Yacente; su blasón.


"Pero el Ioben Don Diego engolfado en los estudios, no tuvo cuidado con sus costumbres, como con las ciencias, y el mal exemplo de algunos condiscipulos, le desvió de aquel camino, por donde avia de llegar mas brevemente à la cumbre de la virtud, ... ENAMORÒSE de Doña Maria de Orozco, hija de Iñigo Lopez de Orozco; ... Era Doña Maria muy hermosa, calidad que suele hazer escusables tales yerros. Solicitòla D. Diego con aquellas artes de que usa el poderio del amor: convinieronse las dos voluntades en encender un fuego que no se apagò sin escandolo, por ser la honestidad un cristal lucidisimo, que se empaña aun solo con la vista, y se rompe con la mormuracion. Tuvieron por hijo à Iuan Gomez de Anaya, Colegial que fue junto con Diego Gomez su hermano, en el Colegio que fundò despues su padre, ..". [Francisco Ruiz de Vergara, año de 1661, "Vida del Ilustrísimo señor Diego de Anaya y Maldonado, Arzobispo de Sevilla, fundador del Colegio Viejo de san Bartolomé ..." ].
Don Diego de Anaya y Maldonado -el "arzobispo Anaya"-, fue un hombre de Iglesia con amplia trayectoria política y religiosa en su época. En 1422 compró al cabildo de la Catedral de Salamanca una capilla existente en el claustro a fin de destinarla a panteón familiar: "... la capilla nueva que es en dicha claustra, para su sepultura e de los que él quisiese en su vida e de los de su linaje ..." [A.C.S. caja 47,leg.7, nº. 10]; eran unos tiempos en los que poseer una capilla funeraria suponía un signo de poder y de capacidad económica, al tiempo que de devoción y de prestigio, si bien en Castilla la nobleza -con su escasa formación cultural-, apenas dedicó esfuerzos y fueron los obispos los que auspiciaron las más importantes empresas artísticas o los que atrajeron a artistas foráneos. Es un espacio rectangular, rematado al Este por una cabecera poligonal, cubierta con bóvedas de crucería de terceletes, en cuyos muros se abren arcosolios apuntados; el primero del lado del Evangelio acoge los restos de don Juan Gómez de Anaya, -Arcediano de Salamanca y Deán de Ciudad Rodrigo-, hijo del Arzobispo, famoso por su oposición a don Juan II desde la Torre Mocha de la catedral, y entrando, a la derecha, el de don Diego Anaya hermano del anterior. En el centro de la capilla se alza el sepulcro del fundador rodeado, desde 1514, por una afamada verja que oculta bastante su vista. 
Diego de Anaya nació en Salamanca en 1357 -hijo de Pedro Álvarez Anaya y Aldonza Maldonado-, ciudad en la que estudiaría Derecho. En 1606 escribía Gil González de Ávila: " Son los Anayas nobles, y antiguos Caballeros, descendientes de nobles Alemanes, que vinieron a servir a España quando traian sus Reyes lides travadas con Moros". Para Goñi Gaztambide no librándose "de la corrupción que le rodeaba ... en su juventud tuvo dos hijos naturales; uno de ellos, Juan Gómez de Anaya, de "presbytero genitus et soluta"". A la muerte prematura de doña María Orozco, con la que tuvo los dos hijos, se hizo religioso. La base de su fortuna la constituyó el ser elegido por el rey Don Juan I como preceptor de sus hijos los futuros reyes Enrique III de Castilla y Fernando I de Aragón : "E fuimos en criança del Señor Rey don Henrique, y del Infante don Fernando su hermano" [testamento; Cantillana 26-Sept-1437].
Para Vicente Bajo "desempeñó con tanto acierto su cometido [como preceptor], que mereció ser premiado, primero, con el Obispado de Tuy" (1384-1390).  Sucesivamente ocuparía los obispados de Orense (1390-1392), Salamanca (1392- 1408) y Cuenca (1408-1418). En Salamanca empezó su influencia creciente en los asuntos públicos. Enrique III de Castilla le nombró en 1402 presidente del Consejo de Castilla, cargo en el que permaneció hasta su muerte con su hijo y sucesor Juan II; según Goñi Gaztambide  tan sólo sufrió un cierto eclipse político en 1408 que se disiparía en 1412 cuando Fernando de Antequera se ciñó la corona aragonesa.
Asistió en 1399 en Alcalá de Henares a la junta que celebraron con el rey Enrique III los Obispos de Castilla y León para tratar de la posición que habían de mantener en el cisma que afligía a la Iglesia de Occidente. Fue designado embajador de Castilla en el concilio de Constanza (24-X-1416) -donde se terminaría el cisma con la elección de Martino V-, a pesar de sus simpatías personales por Benedicto XIII.
En 1401 fundó en Salamanca el Colegio de San Bartolomé, también conocido como Colegio Viejo -por ser el más antiguo de los Colegios Mayores salmantinos- o de Anaya, destinado para 15 estudiantes sin recursos de Teología o Derecho; tuvo como modelo el Colegio de San Clemente de los españoles en Bolonia, obra del cardenal Gil Carrillo de Albornoz. Don Diego de Anaya nombraría al Colegio heredero universal de sus bienes para atender a su mantenimiento.
Ascendido al arzobispado de Sevilla en marzo de 1418 sería destituido poco después por Martin V ante las acusaciones de don Álvaro de Luna, de tratar de restaurar el Cisma en España apoyando a Benedicto XIII como Papa; a título honorífico fue nombrado, "in partibus", obispo de "Tarso en Cilicia".  Su puesto de arzobispo de Sevilla sería ocupado por Juan de Cerezuela, obispo de Osma, y hermano de don Álvaro, por lo que justificada su inocencia no tomó posesión hasta que el hermano del Condestable no fue ascendido en 1434 a la iglesia primada de Toledo.
Tres años después murió don Diego Anaya en Cantillana, provincia de Sevilla, a los ochenta de edad; su cuerpo fue depositado por algunos días en la Catedral de Sevilla y después trasladado a su capilla del claustro de la catedral de Salamanca: "... e mandamos que cuando finamiento de nos acaeciere que el cuerpo nuestro sea sepultado en la Capilla de San Bartolomé, que está en la claustra de la iglesia Catedral de Salamanca ... en la sepultura que nos ende tenemos...". [testamento, año 1437]. Según Gil González de Ávila "Era hombre de mediana estatura, robusto, moreno de rostro, y de vista corto, docto en Canones y Leyes".
Sobre la tapa del sepulcro de alabastro -quedan restos de su antigua policromía-, descansa el bulto yacente de don Diego Anaya revestido de pontifical (mitra recamada de piedras, casulla, palio, alba y manípulo), con el báculo sujeto por su mano derecha y con un libro abierto apoyado sobre el pecho y sujeto con su mano izquierda. De la ropa tan sólo aparecen adornados el cuello de la casulla y la mitra; ésta con cabujones y su blasón, aquella con sarmientos. La figura trata de ser no sólo la expresión de la calidad moral del obispo sino también la de su condición social y manifestación de su poder.
Don Diego presenta los ojos abiertos y su rostro -de edad madura y con rasgos muy definidos-, induce a pensar en un posible retrato en opinión de Margarita Ruiz Maldonado. Para Gómez Moreno "como [el sepulcro] carece de epitafio es verosímil se lo hiciese antes de morir en 1437, y quizás también lo indique el representarle con los ojos abiertos". Para Lucía Lahoz "un retrato realista, despierto conforme a la idea de la muerte como despertar a la vida". En sus dedos destacan ocho anillos; eran entregados junto al báculo como símbolo de su jurisdicción y de su poder espiritual, pero dado que sólo ocupó cinco sedes -más la honorífica de Tarso-, es probable que tan sólo figuren como ornamento.
El cuerpo reposa sobre un paño almohadillado con flecos, y la cabeza sobre cuatro almohadones; el báculo, que ha perdido parte de su asta, presenta un nudo prismático decorado con pináculos. Los pliegues de sus vestidos caen como si el difunto estuviera de pie y no tumbado. A los lados de las almohadas se arrodillan un ángel y un santo como abrazándole la cabeza en señal de protección.
El santo, de rizada cabellera y larga barba, los historiadores que han tratado del sepulcro consideran podría ser San Bartolomé -"... [el] Santo Titular, que os he escogido, el Predicador, y Apóstol de la Armenia SAN BARTOLOME, a quien tengo por Patron y por devoto..." [Ruiz de Vergara]-, santo al que el obispo Anaya nombró como patrono del colegio que fundó en Salamanca y que da nombre a su capilla funeraria.
El ángel presenta el cabello ondulado y unas muy largas alas de elaborado plumaje. En opinión de Émile Mâle el simbolismo de estos ángeles en el sepulcro era el de representar a los espíritus del cielo, hermanos del alma inmortal del difunto a quien "ellos llevaban has el seno de Abraham". Los paños de estos dos personajes presentan pliegues característicos.
Las vestiduras del yacente muestran una gran simplicidad; quizás sus motivos ornamentales estuvieron pintados, pues en la estola quedan restos de pinturas de ondulantes tallos. El alba presenta gruesos pliegues tubulares sobre los que se acomodan los remates de la estola; esta era símbolo de los poderes sagrados que había recibido como pastor y como guía que conduce a las almas hacia la vida eterna (el sacerdote al ponerse la estola reza la siguiente oración: "Devuélveme, Señor, la túnica de la inmortalidad, que perdí por el pecado de los primeros padres; y, aunque me acerco a tus sagrados misterios indignamente, haz que merezca, no obstante, el gozo eterno").
A los pies de don Diego, en una repisa semicircular, rematada por una serie de conos con una roseta en el vértice, sobre la que descansan aquellos, se ha esculpido un león, reteniendo bajo su zarpa a un conejo todo asustado, que da la mano a un perro. La escena, probablemente alegórica, tal vez alude en opinión de Gómez Moreno a los disturbios que suscitó la posesión de la mitra de Sevilla bajo Anaya; Durán Sanpere y Camón Aznar, por contra, recuerdan que la liebre era símbolo de vigilancia, el perro de fidelidad y el león de la fuerza y considera que pueden aludir a las virtudes que acompañaron a don Diego en sus empresas.
El basamento del sepulcro está decorado con un friso donde se repite el blasón del obispo -ocho veces-, situado en el interior de una figura con cuatro lóbulos con escotaduras oblicuas -figura similar a la empleada en el basamento del sepulcro de don Pedro de Tenorio en la catedral de Toledo y del canciller López de Ayala en Quejada (Álava)-, ceñidas por dos rosetas con los tallos enlazados formando una "S".  La utilización repetitiva del emblema heráldico que daba cuenta de su linaje -conjunto de consanguíneos que proceden de un tronco común-, reforzaba el afán de los privilegiados por diferenciarse del resto de la sociedad.Dos bandas ornamentadas también con rosetas -alternando las de forma cuadrada y las redondeadas (características de los sepulcros del taller de Ferrand González en la catedral de Toledo)-, delimitan el friso del zócalo interrumpido por cinco leones en cada lado mayor del sepulcro. 
La urna tiene a los pies del difunto un relieve con dos ángeles con dalmáticas y amitos que muestran el escudo heráldico del obispo; su presencia permitía a los que no sabían leer conocer a quien pertenecía el sepulcro que admiraban. La heráldica había surgido como consecuencia de la evolución del equipo militar entre finales del siglo XI y mediados del XII: los guerreros occidentales adoptaron progresivamente la costumbre de pintar las superficies de sus escudos para que sirviesen como signos de reconocimiento durante las batallas; a partir de entonces también las familias comenzaron a utilizar los mismos signos para identificarse transmitiéndoselos además a los herederos. El blasón del linaje de los Anaya podría ser: escudo bandado de oro y azur, de nueve piezas. La iconografía del sepulcro del obispo parece claro no alude tan sólo a las creencias religiosas o a la preocupación por el más allá sino que al hacer ostensible de una manera repetida el distintivo de poder existe, como escribió Yarza, "la clara manifestación de una individualidad poderosa y el deseo de perpetuación del linaje"; la muerte no era socialmente igualatoria.
Aún más. En las esquinas del arca sepulcral se presentan grupos de tres figuras bajo doseletes; las de en medio son jóvenes de también poblada cabellera, amito y dalmática, que sostienen el blasón del linaje de Anaya. La presencia repetida del blasón era una expresión simbólica visual que permitía la percepción incosciente de la importancia y poder de una familia. La Iglesia, que al principio se mostró reticente fue aceptando poco a poco los blasones llegando a ser una parte importante de la escenografía funeraria; los obispos, probablemente, fueron los primeros en utilizar los blasones en sus sepulcros o en las capillas funerarias siendo seguidos por canónigos, clérigos y abades. Los acompañantes del tenante, para Gómez Moreno, son santos. En el caso de la fotografía adjunta uno de ellos es un obispo con báculo bendiciendo.
En el lado izquierdo del prelado Anaya, en la cabecera, junto al joven tenante con escudo un personaje calvo y de poblada barba sujeta una filacteria. Para Camón Aznar un fraile y para Marta Cendón "tal vez un profeta, o algún fundador de una orden como san Benito".  En la Edad Media mediante la adopción de su blasón, los individuos que por su sangre pertenecían a un linaje hacían patente a los demás dicha pertenencia, a fin de gozar del patrimonio común de renombre y fama acumulado por dicho linaje de generación en generación.
En el lado derecho del prelado Anaya, en la otra esquina de la cabecera, de nuevo otro obispo junto al portador del blasón y santo Domingo de Guzmán en opinión de Marta Cendón. Yarza puntualiza: " ... son numerosos los obispos, elegidos casi con seguridad por la profesión religiosa del mismo cliente".
A los pies del obispo Anaya, en la esquina del lado izquierdo, junto al portador del blasón -esta vez con él en posición inclinada-, San Pedro Mártir y san Luis de Tolosa en opinión de Marta Cendón. Señala Pastoureau que la misión de los blasones no era tan sólo "indicar la identidad de un individuo, sino también su lugar dentro de un grupo, su rango, su dignidad, su estatus social".
Finalmente, en la esquina del lado derecho de don Diego, en lugar del obispo figura un personaje con hábito y túnica, el joven tenante del escudo y san Francisco (muestra su llaga en el pecho y se ajusta el hábito con el cordón de la Orden). Y como señala Lucía Lahoz " ... así don Diego queda dispuesto para la eternidad presidiendo su capilla, custodiado por los de su linaje"; la necesidad de no estar aislado incluso en la muerte encuentra su expresión en la capilla funeraria del arzobispo quien a pesar de haber renunciado en vida a la familia se encuentra rodeado de sus hijos y probablemente de sus padres.
BIBLIOGRAFÍA.
- José Camón Aznar, "El escultor del arzobispo Anaya", Zaragoza 1940.
-Marta Cendón Fernández, "Aspectos iconográficos del sepulcro del arzobispo Diego de Anaya", BMICA, Zaragoza 2003.
-Agustín Durán Sanpere y Juan Ainaud de Lasarte, "Escultura Gótica", en t.VIII "Ars Hispaniae", Madrid 1956.
-Eduardo Carrero Santamaría, "La catedral vieja de Salamanca. Vida capitular y arquitectura en la Edad Media", Murcia 2004.
-Manuel Gómez Moreno "Catálogo Monumental de España. Salamanca", Madrid 1901-1903.
-J. Goñi Gaztambide, "Anaya y Maldonado, Diego de", voz del "Diccionario de Historia Eclesiástica de España" (dir. Quintin Aldea Vaquero), v.1, Madrid 1972.
-Gil González de Ávila, "Historia de las Antigüedades de la ciudad de Salamanca: Vidas de sus obispos y cosas sucedidas en su tiempo", Salamanca 1606.
-Lucía Lahoz, "Capilla de Anaya" y "Sepulcro del fundador" , fichas 28, 29 y 30 en "El Arte gótico en Salamanca", Salamanca.
-Manuel Villar Macías, "Historia de Salamanca", Salamanca 1887.
-Florencio Marcos Rodríguez, "Catálogo de documentos del Archivo Catedralicio de Salamanca (siglos XII-XV)", Salamanca 1962.
-Michel Pastoureau, "Une histoire symbolique du Moyen Âge occidental", Paris 2004.
-José Rojas y Contreras, ""Historia del Colegio Viejo de San Bartolomé",  Madrid 1768.
-Francisco Ruiz de Vergara, "Vida del Illustrissimo señor Don Diego de Anaya Maldonado. Arzobispo de Sevilla. Fundador del Colegio Viejo de S. Bartolome. y noticia de sus varones excelentes", Madrid 1661.
-Juan Antonio Vicente Bajo, "Episcopologio Salmantino", Salamanca 1901.
-Joaquín Yarza Luaces, " La capilla funeraria hispana en torno a 1400", en "La idea y el sentimiento de la muerte en la Historia y en el Arte de la Edad Media", Santiago de Compostela 1988.
NOTAS.
-La Historia del Arte de las primeras décadas del siglo XV de la Corona de Castilla presenta muchas zonas oscuras quizás por la brillantez del panorama que se presenta a partir de 1440 con la estética flamígera. Los estudios -a pesar de sus limitaciones-, del "maestro de los Anaya", de su taller y de su escuela, suponen una de las pocas luces del período.
-Según Ruiz de Vergara: "La mas preciosa joya de que se componia esta herencia [la de don Diego Anaya] fue una Libreria de las mejores, y mas selectas que se conocian en aquel tiempo en nuestra España, por no aver aun la Imprenta facilitado la copia de libros de que oy goçamos".
-Para caracterizar la dureza de los años en que don Diego de Anaya fue obispo de Salamanca Juan Antonio Vicente Bajo escribía en 1901: "Una peste general causó tantos estragos, que las Cortes de Cantalapiedra en 1400 facultaron a las viudas para que se casasen antes del año de luto".
-Mientras duró el Cisma de Occidente existía entre las gentes la creencia de que ningún alma se salvaría. A él alude un tanto angustiosamente el canciller Ayala en su "Rimado de Palacio".
-Los años de don Diego Anaya en Salamanca fueron años de las "emparedadas". Según Gil González de Ávila: "Y quede llano, para si alguno dudare, que Religion era esta de Emparedadas, sospechase no era Religion, ni Cartujas, como algunos piensan, sino gente que se recogía a bien vivir en Iglesias. Y averlas en muchas de Salamanca, se colige de un testamento que ... otorgó Sancho Diaz de Salamanca, en el año 1389, donde hace las mandas siguientes. Iten mando a los Emparedados, y Emparedadas de Salamanca con sus arrabales a cada uno dellos cinco maravedis. ...".
(cont.)

4 comentarios:

  1. Interesante entrada y muy documentada, recuerdo mi paso por Salamanca y fue todo un baño de arte del cual es difícil olvidarse. Gracias por compartir.
    Un cordial saludo desde Barcelona.

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  2. Gracias a tí por dedicar un tiempo al blog.
    Un cordial saludo.
    Luis

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  3. Muy bien construida esta entrada, y muy documentada. De agradable lectura. Cuando visité la catedral me llamo mucho la atención (entre otras muchas cosas, claro) un sepulcro que queda a la derecha del del obispo Anaya: un sepulcro de mujer con un frontal esculpido con la Virgen y un nutrido grupo de mujeres (doñas o dueñas) notablemente policromado. ¿Es acaso el de la madre del obispo, doña Aldonza? Muchas gracias. __Saludos__

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  4. Muchas gracias por su comentario.
    El sepulcro a que hace referencia se ha supuesto pertenece a la madre del fundador de la capilla, y suele atribuirse también al "Maestro de los Anaya".
    Saludos cordiales.
    Luis

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